Por: MSc. Soc. Ingrid Carmona/ @ingridccarmona
Hablar de la Venezuela profunda nos acerca al tejido complejo de un país que desde su génesis lo ha caracterizado la heterogeneidad de las líneas elementales de su estructura social, las cuales se perciben a partir del establecimiento de los patrones que influyen de manera individual y colectiva en su orgánica, con normas y valores, caracterizando el orden social. Esta génesis es la concepción bolivariana con sus matices socio culturales y los elementos que surgen y se fortalecen a partir de la gesta independentista.
Dicho esto y ante las agresiones permanentes del imperialismo norteamericano, a través de la guerra difusa, y con el uso de operaciones psicológicas como arma de destrucción psicosocial, entre otras formas de agresión. Se hace de gran importancia reconocernos en los vínculos sistémicos que en las relaciones sociales de la venezolanidad nos definen y son embestidos quirúrgicamente para desestabilizar nuestra estructura social.
Parte de esto se evidencia en la orgánica social, de la vinculación Poder Popular – Estado – Gobierno y el Partido de Gobierno, donde la corresponsabilidad y el rol protagónico en la ejecución de acciones que protejan y satisfagan el bien colectivo sobrepasan el desarrollo cotidiano a partir de la fuerza creadora del pueblo.
Es desde esa orgánica, la cual va más allá del cumplimiento de tareas, que en ocasiones pueden utilizarse de manera individual como mecanismo de control, donde la experiencia y experticia constructiva- colectiva, desde la visión del enemigo imperialista se convierte en el espacio ideal para la aplicación de elementos de acupuntura social que exacerben características existentes, procurando moldear “reglas, creencias y costumbres” generando expectativas distintas para transformar patrones socio culturales. Apalancando el surgimiento de nuevos elementos estructurales que procuran debilitar, dividir, invisibilizar los elementos inamovibles de la estructura de la sociedad, a través de presiones ambientales, tecnológicas, comunicacionales, económicas y demográficas, de la diversidad en el ejercicio del liderazgo y el poder.
Un ejemplo en la cotidianidad se puede traducir en el uso de elementos de confusión que se aplican para construir falsas verdades a partir de medias verdades, dirigido a determinado público, para incluso retrasar acciones estratégicas en la protección y satisfacción de necesidades colectivas especialmente en tiempos de alta complejidad. Así como provocar ruptura en la orgánica amalgamada Poder Popular- Estado – Gobierno – Partido Gobierno, por espacios de ejercicio del poder, apuntando a liderazgos individuales y atentando contra la unidad monolítica que bolivarianamente el Comandante Chávez y la Revolución bolivariana han resignificado y redefinido con elementos que fortalecen la venezolanidad, el protagonismo y la responsabilidad.
Hoy el imperialismo juega todas sus cartas, quiere hacerse de los recursos venezolanos, de nuestro país, acabar con nuestra Patria, porque sabe que su tiempo hegemónico se agotó. Conoce parte de nuestras fortalezas, nos estudia y sabe de nuestras capacidades de la fuerza de la sociedad venezolana y de la revolución bolivariana, también saben que a estos procesos elementales no han podido penetrarlos, continúan insistiendo. De igual forma que el pueblo venezolano en su resistencia y avanzada continuará, de manera contundente; agigantándose ante la adversidad que pretenden dibujarnos, nos reinventaremos las veces que sean necesarias.
Aunque, nuestra sociedad tiene elementos tangibles que la identifican, la sociedad norteamericana también, solo que ellos en su guerra interna con su mosaico cultural dominan y manejan su sociedad en base a elementos que ya les son insostenibles en el tiempo, donde el sueño americano es realmente una pesadilla, y los migrantes con su cultura e identidad son capaces de hacer rugir de amargura a un imperio con desespero. Dice un dicho popular, lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava.
“No podemos subestimar al adversario en ninguna batalla, ni en la guerra ni en la política. Al adversario hay que darle su justo peso”. Hugo Chávez.












