Han transcurrido más de cuatro meses desde que la agresión imperial estadounidense escaló hasta el nivel de amenaza militar, ataques a embarcaciones civiles y otras violaciones descaradas al derecho internacional. En ese tiempo, antes que ceder terreno o doblegarse, Venezuela ha reaccionado aglutinando fuerzas y mostrándose serena y bien plantada.
A estas alturas, la operación militar en aguas del Caribe luce metida en una calle ciega: o retrocede o se estrella contra un muro. Las estratagemas adicionales, como un intento de bloqueo aéreo, han corrido con la misma suerte.
En las actuales circunstancias, el gobierno de Donald Trump enfrenta cuestionamientos internos muy severos, los cuales se suman a sus otros puntos débiles, entre ellos uno de carácter muy personal y de naturaleza delictiva: el bochornoso asunto de la isla de la pedofilia.
Desde luego, no es momento de confiarse ni bajar la guardia, pues la historia demuestra que los gobiernos estadounidenses son más peligrosos cuando sus jefes enfrentan crisis de popularidad y escándalos morales.
El manejo por parte del presidente Nicolás Maduro y de los altos mandos civiles, militares y policiales ha sido magistral. Una justa mezcla de respuesta multidimensional y organizada ante la amenaza y, por otro lado, un flujo de información equilibrada a la colectividad.
También excepcional ha sido la respuesta del pueblo, que se ha sumado a las necesarias movilizaciones para hacer frente a una eventual agresión y, al mismo tiempo, ha demostrado tranquilidad y desparpajo. La paz dentro de Venezuela es el logro más importante de este tiempo aciago.
EEUU en contumaz conducta criminal
Bombardear embarcaciones presuntamente del narcotráfico es un delito de lesa humanidad, pues la fuerza militar actúa fuera de su jurisdicción y sin intentar previamente detener a los supuestos delincuentes.
Pero, tal conducta no les ha parecido suficiente. Las autoridades estadounidenses se han ufanado de haber rematado a los sobrevivientes de los ataques.
Además, el mismísimo presidente Donald Trump anunció un supuesto cierre del espacio aéreo venezolano, acto unilateral e írrito que constituye una nueva violación al derecho internacional en un campo tan delicado como es el transporte aéreo.
Algunas líneas aéreas que mantuvieron inicialmente sus vuelos a Venezuela, reportaron situaciones irregulares en los sistemas de apoyo a la navegación, lo que hace pensar en acciones de sabotaje. De ser eso cierto, estaríamos ante un gravísimo crimen, pues se pone en peligro tanto a los pasajeros y tripulaciones como a las zonas pobladas sobrevoladas.
El imperio actúa con impunidad, a sabiendas de que los organismos internacionales son inoperantes o están bajo su control.
La falsedad de la lucha antidrogas
El gobierno de Trump ha movilizado su poder militar y ha cometido asesinatos en el mar Caribe con la excusa de estar luchando contra carteles de la droga. Al mismo tiempo, el mandatario estadunidense indulta a Juan Orlando Hernández, el expresidente hondureño que había sido condenado por la justicia imperial por traficar unas 400 toneladas de cocaína hacia el gran mercado de esa droga, que es EEUU.
Esta contradicción demuestra la falsedad del supuesto combate al narcotráfico y evidencia que los dirigentes de derecha y ultraderecha del continente pueden incurrir en los peores delitos y siempre serán aliados de las corrompidas élites de Washington.
La maquinaria mediática miente a todo vapor
Hasta ahora ha fracasado rotundamente el intento de Trump de generar terror en Venezuela y así forzar al pueblo y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a quebrarse y entregar el país a los salvajes intereses corporativos de EEUU.
Sin embargo, la maquinaria mediática y de redes sociales no se resigna a esta nueva y significativa derrota y por eso no para ni un minuto de disparar noticias falsas, los más absurdos rumores, así como descabelladas interpretaciones de los hechos realmente ocurridos.
En los últimos días se han prodigado en versiones acerca de la conversación sostenida por Trump con el presidente Maduro. Analistas, periodistas e influenciadores de todo pelaje pretenden hacer creer a sus públicos que saben, con gran detalle, lo que se dijeron los dos mandatarios.
Exponen con tal seguridad sobre el contenido del diálogo que cualquiera pensaría que fueron testigos directos de este o que, al menos, tuvieron acceso a la grabación o a la transcripción de la llamada telefónica. Y lo más sorprendente es que hay mucha gente que les cree y repite sus dichos. Como decía el gran humorista Perucho Conde:¡No mejora nada el enfermo!”.












