
Estados Unidos se hunde en sus propias mentiras
No es nada nuevo que la élite gobernante de Estados Unidos base sus acciones —tanto internas como externas— en falsedades de todos los calibres. Lo novedoso, en tiempos recientes, es que el tinglado de mentiras se está resquebrajando en el contexto de la decadencia de esa nación como imperio global.
Ese declive en sus capacidades de control geopolítico torna cada vez más endebles sus narrativas. Una simple comparación sirve para ilustrar: a comienzos de siglo, el mundo entero “se comió” el relato de la guerra contra el terrorismo, las armas de destrucción masiva y todo lo demás, lo que le permitió al entonces imperio unipolar destruir y saquear dos países impunemente. En la actualidad no les está resultando tan sencillo.
El surgimiento de actores internacionales muy poderosos y el desgaste (por sobreuso) de la mentira como arma diplomática y militar, ha cambiado el panorama radicalmente.
La canallada de la falsa bandera
EEUU es una nación prácticamente edificada sobre operaciones de falsa bandera. Desde el Motín del té, en 1773, que detonó su guerra de independencia contra Gran Bretaña, vienen acumulando experiencia en este tipo de acciones.
Para justificar la guerra contra España y apoderarse de Cuba, en 1898 inventaron el incidente del Maine, un barco estadounidense que fue volado cuando estaba fondeado en la bahía de La Habana. Para entrar en guerra contra Vietnam, se montó, en 1964, el llamado Incidente del golfo de Tonkín, entre naves de guerra de EEUU y lanchas patrulleras de Vietnam del Norte.
Ya en el siglo XXI, los atentados contra las torres del World Trade Center y la sede del Pentágono estarán en la lista de sospecha de operación de falsa bandera por un largo tiempo, hasta que, si es que llega a ocurrir, se desclasifiquen los documentos al respecto.
Como derivado de ese terrible acontecimiento, Washington decretó una nueva forma de guerra, contra todos y cualquiera, bajo el escudo del antiterrorismo, que ha causado millones de muertes y destrucción de países enteros.
En ese contexto se produjo el que quizá sea, hasta ahora, el más descarado y monumental embuste lanzado por EEUU para legitimar una invasión: el cuento de las armas de destrucción masiva de Irak
Ahora, la corrupta y degenerada cúpula dirigente de EEUU ha reenfocado en Latinoamérica y el Caribe sus esfuerzos por mantener una hegemonía que llegó a ser mundial. Y para ello está utilizando una de sus herramientas favoritas: la mentira.
Es obvio que los ataques perpetrados contra pequeñas embarcaciones en el Caribe, con el subterfugio de la lucha contra el narcotráfico, son acciones preparatorias de una agresión mayor contra Venezuela. Y para ello están trabajando en otra de sus operaciones de falsa bandera, tal como lo ha denunciado el diputado Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y líder del equipo negociador venezolano con el poder imperial.
Es lamentable que los países tachados como enemigos de EEUU tengan que estar siempre en ascuas, a la espera de una de estas maquinaciones canallescas. Pero, ya se sabe, es parte del costo de ser soberanos e independientes.
Las grandes mentiras sobre los migrantes
En el plano de las operaciones de falsa bandera, noticias falsas y demás embustes intencionales casi no hay diferencias entre los gobiernos del partido Demócrata y los del Republicano. En ciertos temas, se empeñan en cambiar radicalmente la narrativa imperial. Uno de ellos es el de los migrantes.
En ese terreno, cada partido teje su propia red de mentiras, las cuales entran en contradicción y los grandes perjudicados son los ciudadanos de otros países que han ido a parar al territorio estadounidense. En lo que respecta a Venezuela, los demócratas favorecieron el gran montaje de la migración histórica. Se quiso inflar la matriz de que millones huían del socialismo hacia la tierra prometida. Incluso, el primer gobierno de Trump participó de esta conspiración, aunque con su natural desprecio por cualquiera que no sea blanco anglosajón.
Muchos de los que ahora están en serio riesgo de ser expulsados de EEUU se marcharon sobre la base mentirosa de ser perseguidos políticos. Buena parte lo hizo a plena conciencia de que eso no era cierto. Otros fueron manipulados por gente sin escrúpulos de aquí y de allá.
Para justificar la expulsión masiva de venezolanas y venezolanos, los gobiernos gringos montaron, previamente, la matriz de que todas y todos son delincuentes. Muchos connacionales participaron de esa intriga, entre ellos, irónicamente, algunos de los que ahora son perjudicados por la anulación de su estatus de protección temporal.
Las grietas internas
El entramado de mentiras que sostiene a EEUU ya no aguanta tanto peso. Cruje día a día y no solo en lo externo, sino también por dentro.
Trump pasa coleto con los principios que, supuestamente, apuntalan al país norteamericano como una democracia ejemplar. Con sus acciones cotidianas violenta valores como la democracia, la independencia de poderes y la libertad de expresión, que EEUU pretende seguir exportando, mientras, puertas adentro, queda en evidencia que se han agotado, si es que alguna vez tuvieron real vigencia.
La confrontación de Trump con varios gobernadores, su empeño en obligar a los estados a adoptar políticas represivas contra los migrantes es, por sí sola, un síntoma grave. Pero ahora hay que sumarle la tensión entre el funesto emperador y los altos mandos militares, que abre puertas a toda clase de inesperados escenarios.











