Por: Gabriel García Dúran
Para entender el ascenso de la República Popular China hay que dejar dos cosas claras, la narrativa occidental ha querido acuñar, en el imaginario colectivo, como «milagro chino» una etiqueta alejada de lo que es en esencia. Para empezar a comprender la verdadera dimensión de este logro, debemos desechar dos mitos fundamentales: primero, no es un milagro, es historia, es la acumulación de un constructo histórico de más de cinco mil años de existencia. Segundo, es imperativo desechar los prejuicios y las comparaciones apresuradas con la cosmovisión occidental, no solo en la política, sino en lo social y en la compresión fundamental del tiempo.
Solo partiendo de estas aclaraciones podremos abordar la pregunta fundamental con la seriedad que merece: ¿cómo lo hicieron? El análisis debe realizarse desde categorías de análisis y no desde conceptos simples.
La Cosmovisión China y la Proyección del Tiempo
La clave para entender los procesos sociales y políticos de China radica en su profunda y divergente comprensión de la vida y el tiempo. En China, la vida se concibe comenzando con los antepasados y sin un fin conocido, pues se proyecta y continúa a través de la descendencia. En contraste con la visión occidental donde la vida comienza y termina con el individuo, la concepción china establece una temporalidad diferente para los procesos. Esto permite establecer metas y proyectos de largo plazo, pues el individuo se ve a sí mismo como un eslabón, no como el inicio o el fin de un ciclo milenario.
El Doble Pilar Filosófico del Orden y la Trascendencia
El pensamiento que ha guiado a la civilización china se asienta sobre cimientos duales, siendo el confucianismo y el taoísmo las dos fuerzas más influyentes. Confucio (Kong Qiu) desarrolló no solo una corriente de pensamiento, sino una religión no teísta preocupada porque la gente entendiera el mundo. El confucianismo instauró una teoría según la cual es responsabilidad de cada persona cultivar su propia moralidad para luego proyectarla a la familia y a la sociedad, logrando así que esta funcione a partir de relaciones humanas armoniosas. Este pilar se preocupa del orden.
Por otro lado, el taoísmo, contemporáneo al confucianismo, no puede explicarse con conceptos simples, es infinito, eterno y se manifiesta en todo. Fomentaba un mundo espiritual con amplia cabida para la trascendencia y la libertad. El taoísmo, a través de pensadores como Zhuangzi, consiguió establecer las bases de sistemas y pautas para la gestión del Estado. Este sistema se llama Wu Wei (sin imposición y sin resistencia), el cual es sumamente similar a lo que en Occidente se conocería como laissez faire (dejar hacer) en la gestión del Estado.
La Simbiosis Histórica y la No-Negación del Pasado
Estas son dos de las varias escuelas de pensamiento que florecieron en la antigua China. Con la llegada del Pensamiento Marxista, a principio del siglo XX, se generó una simbiosis filosófica entre la antigua filosofía china y las ideas marxistas, lo que se conoció como Nueva Cultura. Estos cambios se gestaron gracias a la alta presencia de publicaciones escritas para masificar el alcance de dichas ideas, siendo La Nueva Juventud una de las que influyó en la fundación del Partido Comunista de China (PCCh).
En China, a diferencia de otros países que pasaron por cambios a través de una revolución, la nación asiática no perdió su identidad de cinco mil años. El pensamiento moderno fue un complemento por su concepción de la vida: la vida comienza con los antepasados y no tiene un fin. Uno de los impulsores de las ideas marxistas, Chen Duxiu, mencionaba que la lucha no era contra la vieja cultura, sino por falta de una que guiara el desarrollo sostenible de la nación. Una teoría científica. Para los exponentes de la Nueva Cultura, la cultura tradicional no poseía la amplitud necesaria para la modernidad que China necesitaba para ser fuerte y respetada nuevamente. No hubo una negación de su pasado imperial, que en su momento trajo grandeza y desarrollo, y que fue fundamental para forjar la idea de una China unida.
La Unidad Nacional Forjada en la Humillación
El factor determinante de esta unidad, fue la humillación que vivió China por parte de potencias extranjeras como Reino Unido, Portugal y Japón; que implementaron un sistema semi-colonialista en diversas regiones (Hong Kong, Shanghái o Macao). Estos abusos causaron indignación en la población china, que, en torno a su pasado glorioso y su aspiración de una China moderna y respetada, dio pie a la unidad nacional en contra de las potencias europeas, poniendo fin a más de 100 años de abusos.
La gestación y consolidación en torno a una filosofía milenaria y la búsqueda de una teoría científica fue determinante, no solo para idear las bases de una Nueva China; sino para defenderla de cara a lo que sería la larga contienda hasta la fundación de la República Popular China, lograda por el PCCh, y lo que sería la materialización de un socialismo con peculiaridades chinas.












