Por “El Pequeño loto”
El ataque del 3 de enero, por parte de EE. UU. que logró secuestrar al presidente Nicolás Maduro, es producto, primeramente, de una crisis energética en el occidente del mundo, especificamente en EE. UU. ante la creciente influencia de un nuevo bloque de poder opuesto como el BRICS; y más implícitamente en los recientes sucesos, la crisis que vive la Administracion Trump ante el proceso de destitución que estan llevando a cabo sus adversarios políticos para tomar el poder en la Casa Blanca, un proceso donde se acusa a Trump de delitos que van desde manejo ilícito de fondos, trafico de influencias y sobre todo la lista de Epstein, donde aparece como uno de los mas frecuentes visitantes de las fiestas que se daban en la isla del fallecido Epstein.
Una cosa que hoy es tendencia en EEUU, donde los noticieros convencionales, las redes sociales y programas de entretenimiento como el popular Late Night Show, hacen referencia constante de que la invasión ordenada por Trump a Venezuela para secuestrar al presidente Maduro, se hizo para retrasar dicho proceso y seguir sobreviviendo políticamente ante una notoria perdida de popularidad y repudio cada vez mas creciente
El caso es que a pesar de la invasión, con los ya conocidos resultados, el chavismo en el que se esperaba una contundente fractura tras el secuestro del presidente, no terminó quebrándose sino que se fortaleció, a la vez que la población, en su totalidad, que se presumía saldría a las calles ante el “vacío de poder”, no lo hizo; seguramente por verificar las advertencias que por tantos años había denunciado el chavismo y finalmente se volvieron una espeluznante realidad. Quedando edificaciones totalmente destruidas y unos 100 muertos y otros 100 heridos, según fuentes oficiales del gobierno.
En los días siguientes, la población venezolana, visiblemente afectada, entre miradas consternadas con silencios incómodos trata de recuperar su cotidianidad, reanudando los mercados, la actividad laboral, y reiniciando las clases; todo un proceso de catarsis mientras hemos sido testigos de cómo Donald Trump, quien para un sector de la población logro hacerse ver como un salvador, finalmente se ha quitado la mascara para mostrar su real objetivo, despojar a Venezuela de su petróleo y demás riquezas. Un intento que no logro caotizar al pais ni derrocar a la Revolución bolivariana, y que ha comprometido su sobrevivencia polÍtica al quedar evidenciado, ante la opinion publica mundial, como un gran tirano, llevándolo a maniobrar discursivamente para generar simpatía entre el pueblo venezolano por semejante acto de agresión. Que lo adornen como quieran, pero la invasión de un país y el secuestro de un presidente legítimo, quebró el derecho internacional siendo rechazado por casi todo el planeta.
Es así que, en consecuencia de haberse descubierto y en concordancia con su implacable carrera por salvar su pellejo, ha optado en tan solo una semana por aumentar su agresividad, amenazando con invadir a otros países latinoamericanos (como Colombia, Mexico y Cuba), fomentar una Revolución de Colores en Iran, la ”confiscacion” de un buque petrolero ruso, anunciar la anexión de Groenlandia; mientras que con Venezuela, ha empezado una primera fase muy agresiva de extorsiones disfrazadas de “negociaciones” hacia el gobierno bolivariano, ahora a cargo de la vicepresidenta Delcy Rodriguez, quien ha considerado la reapertura de la embajada de los EE. UU. y el incremento del volumen de petroleo vendido a las petroleras gringas.
Es necesario hacerle entender a la nación que el único enemigo es el que violo nuestro espacio nacional, bombardeo nuestras casas y cuarteles, hizo llorar de pánico a nuestros niños, mató a cientos de venezolanos y ahora pretende, bajo chantaje, robar nuestros recursos.
Comencemos por dejar los rencores y entender que son mayores las cosas que nos hermanan como compatriotas, que las que nos distancian. Que mas allá de las toldas políticas, somos los mismos.
Entendamos que la lucha por el retorno del presidente Maduro y Cilia flores, llevará a una estabilidad total, y también es un acto de justicia y de dignidad.
Comencemos por entender que, en medio de los chantajes planteados por el invasor, debemos apoyar a quienes en estos momentos tienen la compleja responsabilidad de gestionar el país sobre la ola de la conmoción actual, llamando a la unión y a la paz.
Comprendamos más aun; que una lucha sin precedentes también se esta dando dentro de los mismos EE. UU. cuando multitudes de ciudadanos descontentos están saliendo a protestar contra su gobierno, por la mala situación económica, por la falta de garantías sociales, para denunciar la persecución sistemática del grupo ICE y el reciente asesinato de Renee Good; la invasión contra Venezuela y la escalada de amenazas bélicas que ha dirigido contra otras potencias militares, que irresponsablemente expondrán nuevamente a su propio país a una inminente guerra y a las consecuentes retaliaciones de sus enemigos.
Este complejo episodio de la historia humana que se inicio con la invasión a Venezuela, quizás sea el inicio de una lucha definitiva por el futuro en los próximos 100 años de nuestra actual civilización y cómo al parecer el destino nos dio un puesto en primera fila, es imprescindible que estemos consientes del importante rol que nos ha tocado jugar en este tablero geoestratégico que se esta dando.
El mundo tiene puestas sus esperanzas en Venezuela. Si resistimos e insurgimos como una sola voz ante el invasor, será imposible que nos derroten; y con ello nuestra contribución para que la paz triunfe en el mundo.












