MSc. Soc. Ingrid Carmona/ @ingridccarmona
Entre luces y tinieblas, el tres de enero de 2026, la Patria Bolivariana nuevamente fue atacada por una brutal envestida del Imperialismo, con un bombardeo cruel a Caracas y el secuestro de su presidente Constitucional Nicolas Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores. El Imperio norteamericano arremetió con toda su fuerza, en su necesidad profunda de mantenerse como hegemonía y con la claridad de la importancia que ameritan los recursos energéticos de la Venezuela bolivariana para esta nueva etapa de la humanidad y de su Nuevo Orden.
La República Bolivariana de Venezuela, su pueblo digno de génesis soberana y libertaria, enfrenta está nueva escalada en la guerra hibrida que el gobierno de los Estados Unidos despliega en su contra. Desde el inicio de la Revolución bolivariana, con mayor énfasis en el año 2015. Venezuela ha sido víctima de una guerra económica criminal, basada en sanciones unilaterales y un bloqueo financiero que violan abiertamente el andamiaje jurídico internacional donde se vulnera la Carta de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y su principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. A esto se sumó una guerra cognitiva, psicológica, a partir de una campaña de intoxicación mediática global que buscó deslegitimar al Estado venezolano y justificar cualquier acción en su contra.
Sin embargo, lo ocurrido el 03 de enero de 2026, fue un ataque aún más cruento y directo contra el pueblo venezolano y sus militares, donde la escalada bélica a un pueblo de paz y el secuestro de sus máximas autoridades, representa una violación mucho más profunda a la estructura jurídica internacional, que abiertamente ese ordenamiento ya no le es funcional al imperialismo.
Hoy la comunidad internacional tiene ante sí, no solo un hecho más, terriblemente condenable, sino una muestra de la no aceptación y respeto a las relaciones internacionales, donde la víctima es la verdad de los pueblos.
La Carta de las Naciones Unidas, fue vulnerada “prohíbe el uso o amenaza de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”. La invasión y secuestro en territorio venezolano es una violación directa a esta norma fundamental.
De igual manera la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961): protege la inviolabilidad de los agentes de un Estado, golpeada, cuando se atenta contra la integridad física de un presidente constitucional.
La Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de la ONU: recoge los principios de Derecho Internacional, referentes a las relaciones de amistad y cooperación entre Estados, reafirma que «todo Estado tiene el deber de abstenerse de recurrir a cualquier forma de coerción» contra otro. El secuestro al presidente y a la diputada son la forma más extrema de coerción.
Este acto imperial de igual manera infringe leyes y principios internos de los Estados Unidos, la República Bolivariana de Venezuela es una nación amiga, en su legislatura prohíbe a cualquier persona dentro de Estados Unidos iniciar o proveer los medios para una expedición militar contra un país con el que EE.UU. está en paz.
La comunidad internacional tiene ante sí no solo un hecho condenable, sino una prueba decisiva. la agresión contra Venezuela, su pueblo y su soberanía evidencia el accionar ilegitimo del imperialismo donde pretende doblegar la naturaleza de un pueblo, secuestrando e hiriendo su soberanía.
Ante este escenario el pueblo Bolivariano, claro en su estirpe, exige en los diferentes escenarios la liberación inmediata e incondicional de su presidente, así como de la Primera Dama y diputada, y el respeto universal al derecho que asiste a todos los pueblos a vivir en paz, libres, con autodeterminación para escribir su historia. La defensa de la soberanía venezolana es, hoy más que nunca, la defensa del derecho internacional y de la posibilidad de un mundo de respeto y justicia.
Bolívar se autodenomino como “el hombre de las dificultades”, en una carta dirigida a Santander en 1825, reconoció las pruebas políticas y militares que enfrentaba. Hoy, el pueblo venezolano en su gesta bolivariana se reconoce y avanza en función de continuar escribiendo su historia, seguros estamos que continuaremos avanzando.












