Con el hito de la violación a la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, con el brutal ataque recibido el pasado 3 de enero, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama Cilia Flores, a lo cual pudiéramos sumar todo el proceso que derivó en la caída del presidente de Siria Bashar Al Assad, algunos analistas y hasta operadores políticos de Estados vienen cometiendo algunos errores en la valoración del mundo actual.
Dos elementos saltan a la vista cuando hablamos de estos errores: el primero de ellos es considerar que la élite de poder de Estados Unidos está en un proceso de repliegue táctico hacia el hemisferio occidental, y específicamente hacia América Latina, cuestión que cualquier ojo desprevenido bien pudiera confirmar con los últimos hitos que hemos observado; el segundo error es hacer una valoración contemplativa sobre Venezuela cuando la realidad es que el tan cacareado mundo multipolar no ha hecho absolutamente nada, que no sean meras declaraciones, ante la ofensiva global estadounidense, posiblemente a la espera de que los tambores de la guerra toquen las puertas de su propia casa para entender la realidad del momento actual.
En esto último, la realidad es que la República Bolivariana de Venezuela se encuentra enfrentando, absolutamente sola, ni más ni menos que las pretensiones colonialistas de una élite de poder como la estadounidense. Por ello, y en ello, la afirmación de la presidenta encargada de la República, Delcy Rodríguez, de resolver por la vía diplomática la contradicción histórica con EEUU no son palabras al viento, sino fruto de la Realpolitik actual que se presenta desafiante ante nosotros.
Las declaraciones irresponsables de voceros de algunos Estados de este planeta, poniendo a nuestro país como un objeto «salvado» caen en el absurdo; tanto por la fuerza de los hechos globales que estamos observando como por porvenir de vocerías que están enfrentando sus propios problemas. Incluir una guerra provocada con el objetivo de promover su propia destrucción, siendo muy gracioso afirmar al mismo tiempo que actúan como piezas de salvación de ningún otro Estado de nuestro mundo.
Venezuela se está defendiendo sola y lo está haciendo con bastante tino y audacia.
Pero la primera premisa, es decir de un repliegue absoluto de Estados Unidos hacia América Latina, es incluso más peligrosa que la falsa visión altruista de algunos Estados del mundo.
La consecución de una vía expedita por parte del gobierno demócrata de Joe Biden, que facilitó la caída del presidente de Siria Bashar Al Assad, en diciembre de 2024, se convirtió en una hoja de ruta aplicable para avanzar con sus especificidades en el despliegue militar en el Mar Caribe, desarrollado por la administración republicana de Donald Trump, que lleva entre sus hitos el secuestro de un Jefe de Estado y la sujeción a los intereses estratégicos de Estados Unidos de prácticamente todos los gobiernos del hemisferio.
De hecho el estado de asfixia y cerco absoluto de la República de Cuba, da cuenta de la búsqueda de cambiar el régimen político de ese país como uno de los hitos que parece buscar la actual gestión de la Casa Blanca para voltear una posible pérdida electoral en las cámaras legislativas, en noviembre próximo.
Pero si usted hace una lectura precisa y concisa de los últimos documentos en materia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, allí se expresa claramente que el plan global en el marco de la celebración de los 250 años de la declaración de su independencia, el 4 de julio de 1776, no es otra cosa que imponer un nuevo orden mundial cuyo principal regente es esa Nación, y donde Rusia y China cumplirían un mero papel de conserjería para garantizar los equilibrios mundiales necesarios, siempre garantes del interés estadounidense en primer término.
Tres piezas dan cuenta de este proceso. La primera de ellas es el despliegue militar hacia Oriente Medio, que, salvo una situación dramática de última hora, debe conducir a una acción militar directa en contra de la República Islámica de Irán, utilizando en el proceso los novedosos dispositivos que dispusieron, sin lugar a dudas, en la operación sobre Venezuela.
El objetivo de esta maniobra es absolutamente claro, sacar del camino al Estado Persa como amenaza para el control de toda una región en favor de los intereses estadounidenses, donde el Estado de Israel serviría de dispositivo de actuación y control político expansivo.
En tal sentido la creación del Consejo de Paz que procura conseguir la imposición de la Pax Americana en Oriente Medio, es apenas la muestra clara de una estrategia estadounidense que no se circunscribe al hemisferio occidental ni a la región latinoamericana, incluso llegando a crear una instancia que, de a poco, sustituya al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más por la fuerza de los hechos que por una decisión jurídica determinada. Todo el mundo sabe que este Consejo de Paz está regentado por el actual gobierno estadounidense, y eso no es un secreto para nadie; sobre todo para los ejecutores de esta maniobra en Washington.
Prospectivamente también, un ataque a Irán sería un golpe severo a la economía de la República Popular China, que recibe hasta 1,9 millones de barriles de petróleo diarios, en condiciones muy ventajosas para Beijing, al amparo de las severas sanciones que Estados Unidos y Europa Occidental le han impuesto a Teherán.
Todo esto pone en vilo a instancias como la OPEP+ y el grupo BRICS+, cuestión que bien podríamos desarrollar en sucesivos artículos.
El segundo aspecto tiene que ver con la escalada de guerra hacia la Federación de Rusia, en el contexto del cumplimiento de un nuevo aniversario de la operación militar especial que iniciaron en la República de Ucrania, y cuya luz militar al final del túnel no termina de verse, no sabemos si por estrategia de Moscú o impedimentos reales en el campo de batalla.
Todo apunta en la prospectiva hacia la apertura de dos o tres frentes nuevos de guerra que se sumarían al ucraniano, con la sumatoria de Francia, Reino Unido y Alemania como factores que se están preparando para esta escalada, y un Estados Unidos que al parecer procura una paz solo para ganar tiempo en pro de una nueva ofensiva.
Solo el tiempo lo dirá, pero para nadie es un secreto que la guerra en Europa del Este busca entre otros objetivos la destrucción de Rusia como Estado nación, convirtiendo ese país en cinco o seis Estados nuevos, como bien lo hicieron con Yugoslavia.
Es un tema complejo y de difícil resolución, pero este y otros asuntos necesitan mucha amplitud de mente en una aldea global absolutamente convulsa, donde el derecho internacional, al menos en los actuales momentos, es letra muerta.
Así está el mundo.












