Nicolás Maduro Guerra, diputado e hijo del presidente venezolano, aseguró este lunes durante la instalación de la nueva Asamblea Nacional (período 2026-2031) que la dignidad del pueblo venezolano “se mantiene intacta” y que la unión nacional se ha fortalecido para exigir el retorno de sus padres, el presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores, tras su captura por parte de Estados Unidos.
En un emocionado discurso desde la sede del Palacio Federal Legislativo, Maduro Guerra agradeció la solidaridad nacional e internacional y afirmó: “Estamos comprometidos e inclaudicables en defender la dignidad de Venezuela”. Calificó a sus padres como “dos grandes seres humanos, cuyo verdadero delito es ser grandes revolucionarios que protegen y aman al país”.
Un llamado contra la “normalización del secuestro” de líderes
El diputado advirtió sobre las implicaciones globales de lo ocurrido: “Si normalizamos el secuestro de un jefe de Estado, ningún país está a salvo. Hoy es Venezuela, mañana será cualquier otro país que no decida someterse”. Añadió que el derecho internacional “no nació para justificar la fuerza del más poderoso, sino para contenerlo”, y denunció una “regresión peligrosa para el orden mundial”.
Maduro Guerra describió a su padre como un hombre formado por Hugo Chávez, que “ante la agresión imperial se mantendrá firme”. Subrayó que la Revolución Bolivariana continúa como un proyecto sólido con dirección colectiva. Expresó su apoyo incondicional a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien asumió responsabilidades ejecutivas tras la captura de Maduro: “Mi apoyo incondicional a Delcy Rodríguez en la tarea tan dura que le toca. Cuenta con nuestra firmeza”.
El diputado denunció que él y su familia están siendo perseguidos, pero afirmó que ello no los detendrá en la defensa del país. Concluyó con un mensaje de unidad: “Secuestraron a Nicolás y a Cilia, pero no secuestraron la dignidad de un pueblo que decidió ser libre. […] Al pueblo de Venezuela gracias totales, lo amamos, paz, democracia, soberanía, lucha, batalla y victoria”.
La instalación de la nueva Asamblea Nacional se realizó en un clima de movilización internacional y bajo fuertes medidas de seguridad, en medio de la crisis política y diplomática desatada tras la operación estadounidense.












