Todo eso en medio de las discrepancias entre quienes apoyan que se mantenga al gobierno de Ucrania, que se le siga otorgando dinero, (pese a que se sabe que esos recursos terminan inflando las cuentas bancarias de Zelenski y sus muy corruptos colaboradores), y los países que ya se hartaron de seguir apoyando esa aventura. Además, ya no puede negarse el triunfo de Rusia en esta guerra contra la OTAN en suelo ucraniano.
En medio de disputas debieron soportar las periódicas majaderías de Trump, de sus seguidores, J D Vance entre ellos.
Hace poco se efectuó el Foro de Davos, a donde solían asistir las élites políticas, económicas, militares, los vestigios de la realeza europea, y Donald Trump humilló nuevamente a los dirigentes europeos.
Hizo públicas las comunicaciones que personajes como Emmanuel Macron le enviaban, para ridiculizarlos.
Recordó que los líderes europeos lo llamaban “daddy”. Ahí mismo les anunció que se anexaría Groenlandia, les gustará o no. Les dijo que crearía un Consejo de Paz, donde el sería el presidente vitalicio, como un ente paralelo a la ONU.
Es más, ya desatado, Trump confesó que era un dictador y dijo que muchas veces es bueno ser dictador.
¿Qué hizo Europa? Algunos mandatarios lo aplaudieron, otros quedaron paralizados.
Claro, Macron, principal blanco de sus mofas, habló de crear una OTAN europea, de enviar soldados a Groenlandia, pero parece que su iniciativa no goza de mucho apoyo.
Quien tuvo una posición sería, digna, fue el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien afirmó que «el orden internacional tal y como lo conocíamos ha muerto».
Criticó que Trump fuera imponiendo aranceles sin sentido, atacando a aliados históricos como Canadá. El mundo ha dicho basta, acotó.
Carney dijo que Canadá no va a quedarse de brazos cruzados. Habló de proteger sus intereses, y de que otros países están tomando nota de esos hechos.
Según dijo, Estados Unidos ya no es el líder indiscutible del mundo.
Desde su óptica, las potencias medias deben unirse para protegerse de medidas coercitivas que Estados Unidos impone.
«Los grandes poderes han empezado a emplear la integración económica como un arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coerción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar» aseveró.
Insistió en que el multilateralismo y la cooperación internacional, respaldados por instituciones como Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio y la Conferencia de Partes, han perdido fuerza, y que las potencias intermedias quizá deban acostumbrarse a actuar por su cuenta con mayor frecuencia.
En ese contexto, advirtió que «un país que no puede alimentarse, abastecerse ni defenderse tiene pocas opciones… Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte».
Previamente, el 16 de enero, los gobiernos de China y Canadá emitieron un comunicado en el que se comprometen a fortalecer los intercambios en todos los niveles y a avanzar en resultados concretos en diversas áreas.
Firmaron una Hoja de Ruta de Cooperación Económica y Comercial para expandir el comercio bilateral y consolidar la inversión recíproca.
Ambos gobiernos reafirmaron su compromiso con el multilateralismo, apoyando el papel central de la ONU en los asuntos internacionales, la protección y mejora del sistema multilateral de comercio basado en las normas de la OMC, así como el mantenimiento de la estabilidad y fluidez de las cadenas industriales y de suministro globales.
En ese contexto, Canadá redujo los aranceles sobre hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos del 100 % al 6,1 %
China reducirá impuestos a los productos agrícolas canadienses del 85 % al 15 %.
La ministra de Exteriores de Canadá, Anita Anand, señaló que su país «duplicará el comercio con países distintos de Estados Unidos en los próximos diez años. Eso significa que somos conscientes de que el entorno económico mundial ha cambiado de forma profunda y que Canadá debe diversificar sus socios comerciales».
Las muestras de aprecio, de solidaridad, fueron inmediatas en diversas partes del mundo, sobre todo entre los europeos de a pie, que vieron al canadiense como un ejemplo que debían seguir sus líderes.
Es que la prepotencia de Trump indigna.
¿Y que hizo Trump? Respondió, el 24 de enero, con un ultimátum a Canadá, cuestionando su acercamiento a China.
«Si Canadá llega a un acuerdo con China, inmediatamente se le aplicará un arancel del 100 % a todos los bienes y productos canadienses que entren en Estados Unidos», anunció en Truth Social.
Algo eufórico, Steve Bannon, ex-Asesor de Trump, dijo a DailyMail que “Canadá será la próxima Ucrania”.
Canadá reiteró que continuará sus acuerdos con China sin irrespetar el T-MEC, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y México, el mismo que Trump llama irrelevante.
Todo eso en medio de una creciente agitación social en Estados Unidos por la brutalidad del ICE.
La expectativa es grande por ver como discurren los hechos. Canadá es miembro del G7, de la OTAN.
La tensión es grande. ¿Cómo queda la doctrina “Donroe” con el gran acuerdo entre Canadá y China?
¿Qué harán los timoratos líderes europeos? ¿Se unirán a Canadá? ¿Se acercarán a China?
Veremos.












