No es sencillo estar al frente de un país cuando las olas del mar parecen empeñarse en voltear la embarcación. Y en Venezuela, esas olas no son metáfora: son bloqueos, sanciones, tensiones geopolíticas y una oposición que no da tregua. Sin embargo, en medio de este escenario de alta complejidad, hay una figura que ha sabido mantenerse firme, sin aspavientos, pero con resultados visibles: Delcy Rodríguez.
Quien escribe ha seguido de cerca su gestión como vicepresidenta ejecutiva y hoy como presidenta encargada. Mientras otros presidentes se pierden en discursos largos o promesas vacías, Rodríguez aparece en el terreno: en una comuna, en un puerto, en una sala de crisis. Es una estratega inteligente, que mueve las piezas con precisión milimétrica.
La Semana Santa que acaba de pasar fue una prueba de fuego. Cualquier gobierno, en cualquier país del mundo, hubiera temido el caos: millones de personas movilizándose, carreteras colapsadas, playas repletas, eventos masivos. ¿El resultado? Paz, organización y hasta superávit en movilizaciones. Ella misma lo dijo desde La Silsa, con números en mano: 130 millones de desplazamientos, 10,51% más que el año anterior, y un despliegue de más de 229 mil funcionarios de seguridad que garantizaron que nada faltara.
Pero lo que más me llama la atención no es la estadística. Es la forma. Rodríguez no se esconde. No delega la responsabilidad en terceros. Cuando hay tensión, ella está. Cuando hay problemas con el suministro de combustible, ella negocia. Cuando hay que enfrentar las amenazas externas, ella viaja, llama, presiona. Y cuando hay que celebrar los logros, ella baja a la calle, se sienta con los pescadores, abraza a los niños y escucha a las comunidades.
Uno podría pensar que es puro cálculo político. Y tal vez algo de eso haya. Pero después de verla tantas veces en el ojo del huracán, me atrevo a decir que hay algo más: oficio. Oficio puro. Delcy Rodríguez sabe de economía, sabe de diplomacia y sabe, sobre todo, de política en mayúsculas. No improvisa. Y eso, en un país donde la improvisación ha sido moneda corriente, es un lujo que pocos pueden darse.
Por supuesto, las tensiones no han desaparecido. El mundo sigue en llamas. Oriente Medio arde, las potencias se enfrentan y Venezuela sigue siendo un tablero de ajedrez para intereses globales. Pero en medio de ese ruido ensordecedor, ver a una mujer cargar sobre sus hombros el peso de la administración pública, la presión internacional y las expectativas de millones de venezolanos, sin perder la compostura ni la claridad, es digno de reconocimiento.
Delcy Rodríguez, sin duda, pasará a la historia no solo por los cargos que ha ocupado, sino por la manera en que los ha ejercido: con temple, con inteligencia estratégica y con una lealtad inquebrantable al país que gobierna. La historia se encargará de ponerla en el sitial que merece.
Así que sí: desde este rincón del portal, un reconocimiento sincero a una mujer que, con más temple que soberbia, sigue al frente, gobernando en medio de la tormenta. Porque gobernar es fácil cuando todo está en calma. Lo difícil es hacerlo cuando el viento sopla en contra. Y ella, hasta ahora, lo está logrando
¿Coincides o no? El debate está abierto. Pero lo innegable es que Delcy Rodríguez ha demostrado ser una gran estratega, inteligente y estar a la altura de estos tiempos tan complejos. Y eso, en Venezuela, no es poca cosa.












