Cinco meses después del bombardeo por parte de Estados Unidos que derivó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, una de las voces más autorizadas del movimiento popular latinoamericano rompió el silencio. João Pedro Stédile, economista, activista y fundador del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil, emitió una declaración pública en la que respalda al pueblo y al Gobierno venezolano, y llama a todas las fuerzas progresistas del continente a asumir una postura clara: defender a Venezuela es una obligación moral y política.
¿Quién es João Stédile y por qué su apoyo es relevante?
João Pedro Stédile no es un académico de escritorio ni un militante de redes sociales. Es uno de los líderes históricos del MST, el movimiento social más grande y reconocido de Brasil, que durante más de cuatro décadas ha luchado por la reforma agraria, la soberanía alimentaria y los derechos de los campesinos. Su nombre está ligado a cada ocupación de tierra, a cada asentamiento, a cada batalla contra el agronegocio.
Desde su fundación en 1984, el MST se ha convertido en una referencia internacional para los movimientos populares, con presencia en decenas de países y proyectos de cooperación agraria en toda América Latina. Stédile, como integrante de su coordinación nacional, es considerado una de las voces más autorizadas de la izquierda campesina continental.
El respaldo de Stédile a Venezuela no es circunstancial. El MST mantiene vínculos históricos con el movimiento campesino venezolano, las comunas productivas y el Gobierno chavista, con proyectos activos de cooperación en producción de semillas, alimentos e intercambios de formación técnica. Por ello, su declaración tiene peso político y territorial, no solo simbólico.
Una mirada de larga duración: del Caracazo a la invasión del 3 de enero
En su declaración, Stédile contextualiza las últimas cuatro décadas de relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Recuerda que en los años 90 existía una hegemonía total de Washington en el continente, con el TLCAN y la pretensión de imponer el ALCA, un área de control total del capital estadounidense.
Esa ola neoliberal comenzó a romperse con el Caracazo de 1989, la rebelión militar y la victoria electoral de Hugo Chávez en 1999, quien abrió un nuevo ciclo de gobiernos progresistas en la región. El ALCA fue derrotado formalmente en 2005 y surgió el ALBA como propuesta de integración alternativa.
Según Stédile, el imperialismo estadounidense no perdonó esa osadía e impuso durante décadas todas las tácticas posibles del manual de guerras híbridas descrito por el investigador Andrew Korybko, basado en documentos oficiales de las fuerzas armadas de EE.UU.
Las múltiples agresiones contra el proceso bolivariano
Stédile enumera en su pronunciamiento una serie de hechos que forman parte, a su juicio, de un plan sistemático para derrotar al proceso bolivariano:
- El golpe de Estado que sacó a Chávez del poder durante dos días en 2002, revertido por la movilización popular y la repercusión internacional. Stédile recuerda que el entonces cardenal de Caracas llegó a darle la extremaunción a Chávez en la Isla de Orchila, donde estaba preso.
- La huelga política de los petroleros para destruir a PDVSA, que provocó una crisis de combustible. Stédile señala que la situación se salvó gracias a la ayuda del entonces Gobierno de Fernando Henrique Cardoso en Brasil.
- Las guarimbas con violencia callejera, terrorismo, incendios de escuelas y hospitales, desabastecimiento fabricado y decenas de muertos.
- La muerte de Hugo Chávez por un «extraño cáncer que no respondía al tratamiento», un hecho que, según Stédile, sigue sin explicación. Señala que Lula, Dilma, Kirchner y Lugo también padecieron cáncer en ese mismo período.
- El reconocimiento del gobierno interino de Guaidó, la transferencia de los depósitos en dólares y oro del Estado venezolano a esa administración títere, y el enriquecimiento de sectores de la oposición colaboracionista.
- La hiperinflación inducida desde Miami mediante la manipulación del tipo de cambio, el bloqueo de las cuentas del país en el extranjero y la prohibición de inversiones en petróleo. La producción petrolera cayó a niveles inferiores al 30% y el PIB se redujo hasta un 90%, generando una migración masiva de trabajadores venezolanos.
- Una campaña mediática permanente y consistente, financiada por agencias estadounidenses a través de redes sociales e «influencers» pagados.
La invasión del 3 de enero y el secuestro de Maduro
Stédile sostiene que el golpe final llegó con el segundo gobierno de Donald Trump, quien, «sediento de petróleo y perdiendo la hegemonía económica frente a Eurasia», reeditó la doctrina Monroe con el objetivo de convertir nuevamente al continente en su patio trasero.
El 3 de enero, tras movilizar toda su fuerza militar, Estados Unidos invadió Venezuela por vía aérea, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores. Hubo resistencia, combates y más de 100 muertos. Stédile señala que, aunque el pueblo venezolano y sus fuerzas armadas fueron derrotados militarmente, el imperio no tenía a nadie para poner en lugar de Maduro, ya que su agente, María Corina Machado, está desmoralizada ante la sociedad venezolana.
La salida del imperio, según el líder del MST, fue mantener al presidente secuestrado y negociar con el Gobierno chavista.
El pueblo chavista sigue en pie
A pesar del dolor y las pérdidas, Stédile destaca que el pueblo venezolano, en su gran mayoría chavista, sigue con su vida, trabajando, produciendo y organizando las comunas. Sigue apoyando al Gobierno chavista porque tiene memoria y es consciente de todo lo que ha sucedido.
El MST, por su parte, mantiene vínculos históricos con el movimiento campesino venezolano, con proyectos activos de cooperación en producción de semillas, alimentos e intercambios de formación técnica.
Una advertencia para América Latina
Stédile advierte a las fuerzas progresistas del continente: «Defender a Venezuela y a Cuba es una obligación moral y política de todas las fuerzas progresistas y democráticas de nuestro continente. No se hagan ilusiones, si son derrotados, el imperio aumentará su presión sobre México, Brasil, Colombia y todo el continente».
El dirigente del MST denuncia la estrategia imperialista de crear enemigos ficticios: el fantasma de los comunistas, luego los terroristas islámicos (a quienes ellos mismos financiaron), y ahora el títere del narcotráfico.
Exigencia de liberación y justicia internacional
Stédile exige la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, al considerar que no han cometido ningún delito y que Estados Unidos no tiene autoridad moral para condenarlos.
Asimismo, expresa su esperanza de que en el futuro el tribunal de La Haya juzgue y condene a los actuales dirigentes de EE.UU. por sus bombas y crímenes en Gaza, Irán, Siria, Sudán, el Caribe, Venezuela, Cuba y dentro de su propio país, por la persecución de los pobres y los migrantes.
Stédile cierra su declaración con una reflexión sobre la historia de la lucha de clases: «Da vueltas, tiene altibajos, avances y retrocesos, pero la humanidad siempre caminará hacia la construcción de sociedades más justas e igualitarias, con soberanía de los pueblos y paz».












