Con un recibimiento de alta diplomacia que incluyó honores en el aeropuerto y un ambiente de cordialidad, comenzó este jueves en el Gran Salón del Pueblo la cumbre bilateral entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping. El encuentro marca un hito al ser la primera visita de un jefe de Estado estadounidense a la nación asiática en ocho años.
Al inicio de la reunión, ambos líderes intercambiaron elogios mutuos, destacando su larga trayectoria de interlocución. «Usted y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo. Es la relación más larga que haya tenido cualquier presidente de nuestros dos países, y es un honor para mí», declaró Trump, quien recordó la cooperación bilateral durante su gestión previa y aseguró que ambos siempre han logrado resolver las diferencias de forma directa. Asimismo, calificó a Xi Jinping como «un gran líder», añadiendo: «A veces a la gente no le gusta que diga eso, pero lo digo de todas formas porque es verdad».
Despliegue de poderío económico
El mandatario estadounidense llegó a Beijing acompañado por una delegación de élite del capitalismo de su país, compuesta por los presidentes ejecutivos de gigantes tecnológicos y financieros como Apple, Nvidia, Tesla, Meta, BlackRock, Boeing, Visa, Mastercard, Goldman Sachs y Citi. El valor combinado de las corporaciones presentes supera los 12 billones de dólares, evidenciando los enormes intereses económicos en juego.
«Se lo pedimos a los top-30 del mundo. Todos y cada uno de ellos dijeron que sí», afirmó Trump respecto a la comitiva. «No quería al segundo o al tercero de la empresa. Solo quería a los mejores. Y hoy están aquí para transmitirle respeto a usted y a China», enfatizó, dejando en claro que el foco principal de la visita es la apertura de canales de negocios y el comercio bilateral.
Una agenda entre aranceles y tensiones globales
Se espera que, durante la cumbre, que se extenderá hasta el viernes 15 de mayo, se acuerde la creación de una Junta de Comercio bilateral. Este organismo tendrá la tarea de abordar las diferencias arancelarias y evitar escaladas como la del año pasado, cuando las tensiones comerciales derivaron en la imposición de aranceles por parte de Washington y la subsiguiente respuesta de Beijing con el control de exportaciones de tierras raras, insumos clave para la tecnología global.
No obstante, las conversaciones también están marcadas por la coyuntura internacional. El conflicto en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que han disparado los precios de la energía y paralizado cargueros de petróleo y gas, figuran como puntos de preocupación común que demandarán coordinación entre ambas superpotencias.
El llamado de Xi: Socios, no rivales
Por su parte, el presidente Xi Jinping adoptó un tono de cooperación internacional y exhortó a superar la denominada «trampa de Tucídides» —la teoría que advierte sobre el conflicto inevitable cuando una potencia emergente desafía a una establecida—.
«China y los Estados Unidos pueden ganar con la cooperación y perder con el enfrentamiento. Deberíamos ser socios, no rivales», aseveró Xi, planteando tres interrogantes clave para el futuro de la relación:
Alianzas al más alto nivel
Tras la sesión bilateral inicial, los líderes empresariales estadounidenses se sumaron a la mesa de negociaciones en el Gran Salón del Pueblo. El encuentro, en el que Xi Jinping recibió directamente a la delegación de corporaciones globales, se extendió por más de dos horas.
El desarrollo de esta cumbre mantiene en vilo a la comunidad internacional, ya que los consensos alcanzados entre las dos economías más grandes del planeta no solo trazarán el rumbo del comercio global, sino que establecerán las pautas de la geopolítica mundial en un contexto de desafíos globales como la crisis climática, la desigualdad y los conflictos armados.










