Les comparto discurso durante la Reunión de Alto Nivel de Juventud, por los 30 años del Programa Mundial de Juventud en el Marco de 80° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
La humanidad está bajo ataque y el futuro está amenazado. Vivimos un tiempo en que las guerras se transmiten en vivo y el genocidio contra el pueblo palestino ocurre ante la indiferencia de un sistema que coloca la codicia por encima de la vida.
Los jóvenes de hoy no heredamos un mundo en paz: heredamos un mundo herido. Por eso tenemos un deber histórico: transformarlo y entregar a las próximas generaciones un mundo mejor, más humano y digno para ser vivido.
Compañeros(as) No hay nada más cargado de pasado que el presente, y nada más cargado de presente que el futuro. Somos consecuencia de lo que hicieron de nosotros, pero tenemos la capacidad de decidir lo que pasará mañana.
En mi región, América Latina y el Caribe, vemos por parte de EEUU un despliegue militar sin precedentes: destructores y submarinos nucleares en un territorio que en 2014 fue proclamado Zona de Paz. Bajo el falso argumento de combatir el narcotráfico, se busca imponer un cambio de régimen en mi país. Pero con la certeza de conocer el coraje de mi pueblo y la fuerza del Presidente Nicolás Maduro: NO podrán.
Esa élite supremacista y racista, que pretende decidir quién vive y quién muere ha ejecutado extrajudicialmente a latinoamericanos en el Caribe. Pescadores humildes han sido secuestrados y criminalizados como si sus vidas fueran desechables. Eso es fascismo y racismo en acción.
Las juventudes no podemos aceptar en silencio este destino, porque hacerlo sería ser cómplices de quienes buscan destruir nuestro futuro. Este espacio debe tener alma y fuerza: la misma alma y fuerza de nuestros pueblos.
Por eso creo que la lucha de nuestra generación debe ser, ante todo, la lucha por la paz. Desde mi país convocamos a una Gran Conferencia por la Paz en América Latina y el Caribe, y más allá: a una Conferencia Generacional por un Futuro en Paz.
Nuestra voz no pide permiso. Nuestra voz reclama historia. Y como advierte el Oráculo del Guerrero: pase lo que pase, resultaremos victoriosos.










