En el marco de la clausura de la Cumbre de Líderes del G20 en Johannesburgo, el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, expresó una profunda preocupación por el reciente despliegue militar de los Estados Unidos en el Mar Caribe, advirtiendo que una escalada de tensiones en la región podría desembocar en un conflicto comparable con la guerra entre Rusia y Ucrania.
“No tiene sentido tener una guerra ahora. No vamos a repetir el error que se cometió en la guerra entre Rusia y Ucrania. Basta con un disparo y quién sabe cómo terminará”, afirmó el mandatario brasileño durante su intervención en el foro global. En este sentido, fue categórico al rechazar cualquier escenario bélico y al reafirmar que “Sudamérica es una zona de paz”.
Lula da Silva subrayó la responsabilidad directa de Brasil en la estabilidad regional, dada la extensa frontera que comparte con Venezuela. “Somos un continente que no tiene armas nucleares, bombas atómicas, no tenemos nada. Nuestro objetivo es desarrollarnos y crecer”, detalló, enfatizando la vocación pacifista de la región.
Diálogo directo con Estados Unidos
Como parte de la búsqueda de soluciones diplomáticas, el presidente Lula anunció su intención de dialogar directamente con su homólogo estadounidense, Donald Trump, para abordar la situación. “Trump necesita saber que somos un país soberano, que tomamos nuestras propias decisiones”, declaró, haciendo referencia a la necesidad de respeto mutuo entre las naciones.
Abstención sobre el caso Bolsonaro y respeto institucional
Por otra parte, durante una conferencia de prensa, el presidente Lula se abstuvo de comentar en profundidad el arresto preventivo del exmandatario Jair Bolsonaro, ocurrido este sábado 22 de noviembre por orden del juez Alexandre de Moraes del Supremo Tribunal Federal (STF).
Mantuvo una postura de estricto respeto institucional, señalando: “No comento una decisión de la Suprema Corte. El sistema de justicia tomó una decisión. Él fue juzgado”. Añadió que Bolsonaro “tenía todo el derecho a la presunción de inocencia” y recalcó que la medida judicial es el resultado de “prácticamente dos años y medio de investigación, de negociación de cargos y de juicio”.
El arresto de Bolsonaro, quien fue condenado en septiembre a 27 años y tres meses de prisión por los actos golpistas del 8 de enero de 2023, se decretó tras una presunta violación de su tobillera electrónica y ante un alegado alto riesgo de fuga. Bolsonaro afirmó que el daño al dispositivo fue accidental, ocurrido mientras usaba un soldador por «curiosidad».
Pese a las críticas del gobierno de Washington hacia la medida judicial, que tildó de «provocativa e innecesaria», Lula fue enfático al asegurar que este hecho no debería afectar la relación bilateral con Estados Unidos, reafirmando una vez más la soberanía de las decisiones brasileñas.










