Este Miércoles Santo, las calles del centro de Caracas se desbordaron de fe y devoción. La histórica imagen del Nazareno de San Pablo salió una vez más de la Basílica de Santa Teresa para reencontrarse con miles de feligreses, quienes entre lágrimas, cantos y plegarias, acompañaron al «Limonero del Señor» en su tradicional recorrido penitencial.
Desde la medianoche, una multitud vestida con túnicas moradas, en honor al sacrificio de Cristo, colmó el templo para cumplir promesas y agradecer milagros concedidos.
La jornada estuvo marcada por una intensa actividad litúrgica que sumó 12 misas consecutivas, iniciando a las 12:00 a.m. y culminando a las 3:00 p.m., antes de que la imagen fuera trasladada a la Plaza Diego Ibarra para la misa central y el inicio de su periplo por la ciudad.
La devoción al Nazareno de San Pablo es el pilar de la identidad religiosa de la capital venezolana. Su origen se remonta al año 1696, cuando la imagen fue sacada en procesión para implorar el fin de la epidemia del «vómito negro».
La historia consagra como su primer gran milagro el suceso en la esquina de Miracielos: la cruz del Nazareno se enredó en un limonero, provocando la caída de frutos que fueron utilizados para curar a los enfermos de la época.
Desde entonces, la salud ha sido la principal petición de los devotos, quienes durante más de tres siglos han acudido a esta imagen para pedir la sanación propia y la de sus familiares.
Originalmente, el Nazareno se encontraba en la antigua iglesia de San Pablo Ermitaño (sitio donde hoy se erige el Teatro Municipal de Caracas), hasta que fue trasladado a su actual hogar en la Basílica de Santa Teresa.
A 330 años de aquel primer milagro, la fe permanece intacta. Devotos de todo el país se hicieron presentes con ofrendas florales y orquídeas moradas para renovar su esperanza en este símbolo que convoca a un pueblo entero a caminar en unidad espiritual cada Semana Santa.
«El Nazareno de San Pablo no es solo una imagen, es la fe de un pueblo que no se rinde. Venimos a dar gracias por la vida y a pedir salud para quienes más lo necesitan», expresó uno de los fieles durante la procesión.
La jornada reafirma a Caracas como un centro de espiritualidad profunda, donde la tradición del hijo de Dios cargando la cruz sigue siendo el testimonio vivo de la resiliencia y la creencia del pueblo venezolano.










