El Gobierno de la República Islámica de Irán lanzó una grave acusación contra las administraciones de Estados Unidos e Israel, señalándolos de orquestar de manera conjunta una ola de disturbios y actos terroristas en territorio iraní.
A través de su portavoz de Exteriores, Esmail Baghaei, Teherán calificó las recientes acciones y declaraciones de Washington y Tel Aviv como una «incitación directa al caos y al asesinato».
Durante una rueda de prensa, Baghaei fustigó las intervenciones públicas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y de diversos funcionarios estadounidenses, asegurando que sus discursos no son opiniones diplomáticas, sino herramientas de guerra para promover la violencia interna.
«La narrativa proveniente de Washington y Tel Aviv constituye una abierta incitación al terrorismo. No habrá indulgencia frente a cualquier amenaza que atente contra la soberanía del Estado», sentenció el portavoz de la cancillería iraní.
La respuesta institucional no se ha limitado al plano diplomático. El jefe de la Policía Nacional, Ahmad Reza Radan, confirmó el despliegue de operativos especiales que han resultado en «detenciones selectivas» de los principales instigadores de las protestas.
Según el alto mando policial, varios de los capturados han confesado bajo custodia haber recibido financiamiento extranjero para ejecutar actos de sabotaje y desorden público, lo que, a juicio del Gobierno, prueba la tesis de una conspiración externa.
El Ministerio de Exteriores iraní advirtió que las Fuerzas Armadas están en estado de alerta y actuarán con «firmeza absoluta» para defender la integridad nacional. Esta denuncia ocurre en un contexto de máxima tensión regional, donde Irán reafirma su postura de no permitir que actores externos utilicen las demandas internas como plataforma para un cambio de régimen o la fractura del Estado.










