En una reveladora entrevista con la BBC, Elliott Abrams, quien se desempeñó como enviado especial de Estados Unidos para Venezuela durante la primera administración del presidente Donald Trump, afirmó que las actuales amenazas de invasión por parte de la Casa Blanca forman parte de una calculada «operación psicológica» contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Abrams, una figura clave en la política de presión máxima de la administración Trump, declaró que, a pesar de la retórica pública, el actual inquilino de la Casa Blanca no tiene intenciones reales de llevar a cabo una invasión militar a gran escala en el país caribeño. El objetivo declarado de esta táctica, según el exdiplomático, es ejercer presión sobre el gobierno venezolano.
«La actual presión de Washington sobre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es parte de una ‘operación psicológica'», confesó Abrams durante la entrevista, dejando claro que las amenazas son un instrumento de coerción antes que un plan militar concreto.
Como parte de esta estrategia, Abrams se refirió al despliegue de una flotilla naval estadounidense en el Caribe. Señaló que, si bien este despliegue no es lo suficientemente grande para una invasión, su tamaño excede ampliamente lo necesario para operaciones rutinarias como la interdicción de lanchas rápidas con drogas. Esta acción, en su opinión, debe ser interpretada como una demostración de fuerza destinada a presionar a la administración de Maduro.
De igual modo, el exenviado anticipó una posible escalada en las tácticas de presión. Adelantó que el siguiente paso en la estrategia podría ser «algún ataque dentro de Venezuela». Abrams vinculó explícitamente esta posibilidad con los anuncios públicos sobre posibles acciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), incluso cuando se trate de programas secretos. Esta publicidad, argumentó, refuerza el efecto de la operación psicológica al crear incertidumbre y temor.
El propósito final de esta táctica, según la explicación de Abrams, es enviar un mensaje directo y claro a los círculos más cercanos al presidente Maduro: sembrar la duda sobre su estabilidad y demostrar la persistencia de las opciones que Washington mantiene sobre la mesa para lograr un cambio político en el país.










