Dos ciudadanos de Trinidad y Tobago, identificados como Richie Samaroo y Chad ‘Charpo’ Joseph, de 26 años, fallecieron durante una operación militar realizada por fuerzas de los Estados Unidos en aguas internacionales del Caribe, cerca de la costa venezolana. El incidente, que ha generado una ola de indignación y duelo, ocurrió en el marco de una operación antidrogas estadounidense más amplia desplegada en la región.
La noticia del fallecimiento de los dos hombres fue confirmada por reportes de la organización «Pescadores y amigos del mar» de Trinidad y Tobago y por familiares de las víctimas. Según los informes, residentes de la aldea pesquera de Las Cuevas alertaron a las autoridades tras tener conocimiento de los hechos. La madre de Chad Joseph, Lenore Burnley, declaró que a su hijo lo mataron de manera «injusta y cruel», cuestionando el procedimiento militar y afirmando que la ley del mar establece que se debe interceptar una embarcación, no destruirla.
La familia de Chad Joseph ha exigido públicamente a Estados Unidos que presente pruebas que respalden su versión de que la embarcación atacada transportaba drogas. «Donald Trump se llevó a un padre, un hermano, un tío y un sobrino de familias. Si dicen que un barco tiene narcóticos, ¿Dónde están los narcóticos? Queremos pruebas», declaró Afisha Clement, prima de Joseph.
Un patrón que se repite: el caso del pescador colombiano
Este no es un incidente aislado. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, acusó públicamente al gobierno de Estados Unidos de violar la soberanía nacional y de haber cometido un asesinato al atacar una lancha pesquera colombiana el pasado 16 de septiembre, resultando en la muerte del pescador Alejandro Carranza .
De acuerdo con las investigaciones periodísticas y el testimonio de familiares, la embarcación de Carranza presentaba fallas mecánicas y se encontraba a la deriva en el momento del ataque, con uno de sus motores levantado en señal de avería . Audenis Manjarres, familiar de la víctima, relató: «Él estaba ahí revisando los motores varados y los bombardearon de esa manera. Es injusto» . La evidencia visual y los tiempos de navegación sugieren que el bombardeo pudo haber ocurrido dentro de aguas colombianas, lo que agregaría una grave violación de la soberanía al hecho .
«Funcionarios del gobierno de los EEUU han cometido un asesinato y violado nuestra soberanía en aguas territoriales. El pescador Alejandro Carranza no tenía vínculos con el narco y su actividad diaria era pescar», denunció el presidente Petro. El Mandatario ha instado a la Fiscalía General de la Nación a actuar e ha exigido explicaciones al gobierno estadounidense .
Contexto regional de escalada militar
Estos lamentables sucesos se enmarcan en una escalada militar ordenada por el presidente de EE.UU., Donald Trump, quien ha desplegado en el Caribe ocho buques de guerra, un submarino nuclear y más de 4.500 soldados . Desde el mes de septiembre, esta operación ha llevado a cabo al menos seis ataques similares contra embarcaciones, con un saldo reportado de al menos 28 personas fallecidas, sin que se hayan presentado pruebas públicas sobre el cargamento de las mismas .
La situación ha aumentado significativamente la tensión regional. El gobierno de Venezuela, presidido por Nicolás Maduro, ha calificado estos ataques como «ejecuciones seriales» y denuncia una estrategia de cambio de régimen por parte de Washington . Como contramedida, Venezuela ha activado ejercicios militares y un plan de defensa nacional. La ofensiva también ha generado alarma entre las comunidades pesqueras, cuyo portavoz Gary Aboud afirmó que los pescadores locales «están aterrorizados por el riesgo de ser asesinados en el mar» .
La crisis ha traspasado el ámbito militar, llegando a instancias diplomáticas. Mientras Trump confirmó haber autorizado a la CIA para realizar operaciones encubiertas en Venezuela , el gobierno venezolano ha llevado el caso ante el Consejo de Seguridad de la ONU, solicitando que se determine el carácter ilegal de estas «ejecuciones extrajudiciales» . Como reflejo de la creciente tensión, la Embajada de Estados Unidos en Trinidad y Tobago emitió una alerta de seguridad a sus ciudadanos, recomendándoles evitar sus instalaciones ante posibles amenazas.
Expertos en derecho internacional han cuestionado abiertamente la legalidad de estos ataques mortales, argumentando que constituyen ejecuciones sumarias que son ilegales incluso si las víctimas fueran narcotraficantes confirmados. La decisión de Estados Unidos de repatriar a los dos únicos sobrevivientes de estos operativos –un colombiano y un ecuatoriano– a sus países de origen para su procesamiento, en lugar de juzgarlos ellos mismos, ha sido interpretada por algunos analistas como una estrategia para eludir la obligación de determinar su estatus legal y dar explicaciones sobre las operaciones .
La muerte de estos pescadores acerca las consecuencias de esta confrontación geopolítica a la población civil, cuyas familias, atrapadas en el duelo, claman ahora por transparencia y justicia.










