A través de un comunicado oficial dirigido a la opinión pública española y a la comunidad venezolana en el exterior, la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela ante el Reino de España rechazó de forma categórica las recientes expresiones emitidas por el ciudadano Carlos Baute en un acto público en Madrid.
La misión diplomática, encabezada por la embajadora Gladys Gutiérrez Alvarado, calificó las declaraciones del artista como una «manifestación inaceptable de discurso de odio», señalando que las mismas atentan contra la esencia de la identidad venezolana, forjada en la diversidad de raíces indígenas, africanas y europeas.
El comunicado enfatiza la gravedad de los términos utilizados por Baute, especialmente aquellos dirigidos hacia la mujer. La Embajada denunció que el uso de calificativos deshumanizantes, como el término «mona», hacia una mujer configura una forma de violencia política basada en la misoginia y el racismo.
«Llamar ‘mona’ a una mujer constituye un acto de deshumanización incompatible con los principios del derecho internacional de los derechos humanos y con los estándares mínimos de convivencia democrática», reza el texto oficial.
En un gesto de responsabilidad ética y política, la Embajada expresó sus «más sinceras disculpas» al pueblo de España y a todas las personas que se hayan sentido ofendidas por dichas declaraciones. El documento aclara de forma tajante que tales palabras no representan al pueblo venezolano ni a su cultura, la cual se caracteriza por el respeto y la solidaridad.
La misiva concluye reafirmando el ideario del Libertador Simón Bolívar contra toda forma de dominación y exclusión.
Venezuela, a través de su representación diplomática, reiteró su compromiso con la defensa de la igualdad y la justicia, la promoción de la diversidad como riqueza nacional y la denuncia de cualquier instrumentalización del espacio público para difundir mensajes de odio o violencia simbólica.
Con este pronunciamiento, el Estado venezolano reafirma que sus mujeres, como figuras históricas y políticas, no pueden ni serán objeto de discursos degradantes, independientemente de su procedencia.












