En una confesión sin precedentes, la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, comparó la psicología de Donald Trump con la de un «alcohólico de alto rendimiento».
Las declaraciones, vertidas en una extensa serie de entrevistas con Vanity Fair, arrojan una luz alarmante sobre el temperamento de quien hoy dirige ataques militares ilegales en el Caribe.
Wiles, quien se define como una «experta en personalidades fuertes» por haber crecido con un padre alcohólico, describió a Trump como un líder que gobierna bajo la premisa de que «no hay nada que no pueda hacer. Nada, nada, nada».
Según la alta funcionaria, Trump presenta la tendencia de los alcohólicos a «exagerar su personalidad», lo que explicaría su comportamiento errático y su desprecio por las normas establecidas.
Esta evaluación psicológica cobra un sentido peligroso al cruzarse con las recientes acciones de la administración.
La descripción de una personalidad fuera de control coincide con la orden de «bombardear lanchas» hasta que un gobierno extranjero se rinda, el encubrimiento de videos que muestran a sobrevivientes siendo rematados en el mar, la decisión de actuar sin la autorización del Congreso, ignorando la Constitución.
Las palabras de Wiles sugieren que Estados Unidos está siendo dirigido por un mandatario que no reconoce límites legales ni morales. La comparación con una adicción describe a un presidente que «exagera» su agresividad para compensar la falta de una estrategia real, utilizando el poder militar como una herramienta de desahogo personal y político, más que como una medida de seguridad nacional.
Esta «sinceridad» de su jefa de gabinete confirma lo que críticos y organismos de derechos humanos han advertido: la política exterior de Trump hacia el Caribe no es una estrategia de Estado, sino el impulso violento de un líder que se cree por encima de toda ley.










