Tras la incursión militar ejecutada por fuerzas especiales de los Estados Unidos contra la residencia presidencial el pasado 3 de enero, la figura de Cilia Flores, conocida como la Primera Combatiente, emerge nuevamente como un símbolo de convicción política y resistencia en la historia contemporánea de Venezuela y el continente.
La operación, descrita como una violación flagrante al Derecho Internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, fue ejecutada por el comando élite «Delta Force».
Según reportes, el despliegue involucró un pie de fuerza de aproximadamente 150 aeronaves.
En medio de la ignominia de este ataque, la presidenta de Telesur, Patricia Villegas, destacó la entereza de Flores, señalando que frente a la mayor violación de derechos humanos, «se impuso la fuerza de su amor y de su convicción».
La historia de Primera Combatiente, no comenzó en la residencia presidencial, sino en la vanguardia de la Revolución Bolivariana. Su carrera política es una de las más prominentes del país.
En el año 2006, marcó un hito al convertirse en la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional, cargo que desempeñó con firmeza durante seis años.
En 2012, el Comandante Hugo Chávez la designó como Procuradora General de la República, confiándole la defensa de los intereses del Estado.
Tras la elección del presidente Nicolás Maduro y su matrimonio en 2013, asumió un rol activo en el acompañamiento del Ejecutivo Nacional, redefiniendo el papel de la esposa del mandatario bajo un enfoque de lucha social y política.
Los eventos del 3 de enero suman un capítulo inédito a su biografía. Desde su inicio como abogada defensora del joven oficial Hugo Chávez en los años 90, hasta enfrentar una agresión militar directa de una potencia extranjera, Flores se mantiene como una pieza fundamental de la institucionalidad venezolana.
Ante el asedio actual, la trayectoria de la Primera Combatiente Cilia Flores es recordada como la de una mujer que ha transitado todos los espacios del poder público, siempre bajo los principios de la soberanía y la lealtad constitucional.










