Por: Dra. Rubelia Alzate Montoya – Profesora Investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Xochimilco
Desde México/Colombia, para Venezuela y el pueblo venezolano.
1.- Voluntad colectiva contra individualismo.
En el “Príncipe Moderno” Gramsci refiere el partido de la clase obrera. Sostiene que el Príncipe Moderno no representa una persona real, o un individuo concreto, sino que tendrá que ser un organismo, que dé paso a la voluntad colectiva o partido.
Una característica del partido la constituyen los gérmenes de la voluntad colectiva, y en la medida que se generalicen se opondrán al estado de cosas dadas, y darán paso a la construcción de una sociedad orgánica a través de la conformación de un nuevo Estado.
La acción dirigida por una personalidad, apunta sobre todo a la restauración y organización y no a la fundación de nuevo Estado y de nuevas estructuras nacionales y sociales; la acción individual dirigida es la prolongación de formas establecidas, y en ella no tiene lugar creación alguna.
La realización de acciones inmediatas dispuestas por personalidades características va a favor del restablecimiento y conservación del equilibrio, y no apuntan a la creación de una nueva sociedad y de un nuevo Estado. Una acción encarnada en una personalidad individual, y no en un partido político representante de una voluntad colectiva, es el golpe de Estado, efectuado el 2 de diciembre en Francia, y analizado por Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
El individualismo resulta ser para Gramsci una especie de «Apoliticismo Animalesco” y debe ser suplantado por “(…) El Espíritu del Partido que es Elemento Fundamental del Espíritu Estatal”.
La voluntad colectiva no sólo se contrapone al individualismo, también a las formas del partido constituido por una elite, y además al partido de masas, en donde la masa no tiene más función que la fidelidad.
La voluntad colectiva tampoco se adhiere a determinadas acciones políticas del partido en el mundo moderno. “(…) En muchos países los partidos orgánicos y fundamentales, por necesidades de lucha o por otras razones, se han dividido en fracciones, cada una de las cuales asume el nombre de ‘partido’ y hasta de partido independiente”.
Este hecho implica en muchos casos que el “Estado mayor intelectual del partido” se desligue de las fracciones y actúe como fuerza dirigente independiente y superior al partido. En estas condiciones el partido se escinde de la voluntad colectiva y no constituye un partido del proletariado.
La estructura del partido es en suma para Gramsci la expresión de la voluntad colectiva de una clase social específica, histórica y construida con el objeto específico de fundar una nueva sociedad y un nuevo Estado.
2.- Estructura del partido.
El partido, que tiene como función última la conformación de la voluntad colectiva, está estructurado como sigue:
1) Por el elemento indefinido; lo integra la masa del partido o su base, se trata de individuos que participan con disciplina y fidelidad, pero no es su característica el espíritu creador y su capacidad de organización. Este grupo difuso que es imprescindible al partido, requiere de una organización y el partido no podría ser solamente con ellos. “Constituyen una fuerza en cuanto existen hombres que los centralizan, organizan y disciplinan”.
Este primer elemento requiere del segundo:
- La cohesión principal; su papel es transformar, organizar o disciplinar a un conjunto de fuerzas dispersas, este hecho hace que dicho elemento esté dotado de cierta inventiva, entendida como dirección, conforme a ciertas “líneas de fuerzas ciertas perspectivas y también ciertas premisas”. Un ejército ya existente sería destruido si le llegasen a faltar los capitanes, acordes entre sí, con fines comunes, ellos son quienes no tardan en formar un ejército aún donde no existe.
- El elemento medio pone en contacto a la cúspide del partido, con los problemas, inquietudes, puntos de vista, etc., que existen en la base, estableciéndose así una relación que permita a los dirigentes estar al tanto de los problemas de la masa, y ante todo manteniendo ese contacto necesario para que el Estado mayor no se desligue de la realidad de la clase y llegue a burocratizarse.
3.- Objetivos.
Objetivos tales como organizador de clase, expresión de la voluntad colectiva de un grupo social específico, y la construcción de una nueva sociedad y un nuevo Estado, Gramsci los condiciona a la acción del partido, distinguiendo el momento económico, el momento político y el momento militar, que definirán diversos estados de “correlación de fuerzas”.
Es decir que el momento de aparición del partido o lo que es igual de conformación del intelectual orgánico está condicionado a la acción económica-político-militar.
Podríamos decir que el partido tiene como condición el bloque histórico o “unidad entre la naturaleza y el espíritu (estructura y superestructura) unidad de los contrarios y de los distintos”.
El determinismo económico, no es por consecuencia la base de la formación del partido, de la voluntad colectiva. El solo hecho de que exista un grupo social que ocupe una posición en el sistema económico no determina esta integración orgánica porque está condicionada, además, por un segundo momento y es el político con sus diversos grados o fases.
“La política es acción permanente y da nacimiento a organizaciones permanentes en cuanto se identifican con la economía. Pero esta última se distingue también de la política y por ello se puede hablar separadamente de economía y de política y se puede hablar de ‘pasión política’ como de un impulso inmediato a la acción que nace en el terreno ‘permanente y orgánico de la vida económica’(…)”.
El momento político corresponde a la valorización del nivel de homogeneidad, de autoconciencia y de organización logrado por los diversos grupos sociales. Sólo en determinada fase un grupo social económicamente constituido pasa a formar su propio partido y a desarrollar su propia ideología, al tiempo que intenta establecer su ideología sobre los demás grupos o clases sociales, estas fases o grados como les llama Gramsci son las siguientes: a) fase de sumisión, o momento en que la clase no ha tomado conciencia de su propia unidad e intereses y su relación con la clase dominante se caracteriza por un estado de sumisión. b) La fase económico corporativa o momento en que se inicia ya la organización de una cierta autonomía, pero es el inicio solamente; es decir, aunque exista ya una distancia respecto a los grupos dominantes, solo se perciben intereses de grupos, pero no los intereses del grupo social en su conjunto. c) En la fase tradeunionista puede hablarse ya de intereses de un grupo social en su conjunto, que representa a los trabajadores, pero permanece aún en el campo económico. La existencia del Estado burgués aún no se pone en duda; es decir la construcción de una nueva sociedad y de un nuevo Estado no se planea hasta el momento. d) En la fase hegemónica es ya la fase de toma de conciencia del proletariado, en este momento asume el papel de creador de una nueva civilización, y se sitúa a la cabeza de las masas con el propósito de luchar y destruir al fin el sistema burgués.
En síntesis, para Gramsci la formación del partido requiere de la interacción entre estructura y superestructura. La simple existencia de un conjunto social determinado por la posición en el sistema económico (momento económico) no basta, se requiere además una fase de búsqueda de la hegemonía: momento en que la clase toma conciencia de que debe superar sus intereses económico-corporativos propios, convirtiéndolos en los intereses de otros grupos subordinados; bajo estas condiciones se constituye el partido político, con un fin explícito y específico de construir una nueva sociedad y formar un nuevo Estado o un nuevo bloqueo histórico, que implica la destrucción de los anteriores.
4.- Partido e intelectual orgánico.
Cuando Gramsci refiere las condiciones de aparición del partido y su conformación estructural, pareciera ser que optara por un partido jerarquizado, pero la organización del partido así caracterizada es solo un momento del proceso general que le lleva finalmente a su consolidación.
En el anterior sentido cuando apunta al elemento indefinido del partido, sostiene que “(…) constituye una fuerza en cuanto existen hombres que lo centralizan, organizan y disciplinan, pero en ausencia de esta fuerza cohesiva se dispersarían y se anularían en una hojarasca inútil”; y en este mismo tenor afirma también que “(…) no es cuestión de negar que cada uno de estos elementos (hombres que conforman el elemento indefinido) pueda transformarse en una de las fuerzas de cohesión pero de ellos se habla precisamente en el momento en que no lo son y no están en condiciones de serlo, o si lo son actúan solamente en un círculo restringido, políticamente ineficaz y sin consecuencia”.
Dos momentos son los que tienen lugar en el proceso de formación del partido; en el primero el elemento uno tiene que ser necesariamente controlado por el elemento dos o de cohesión; en el segundo el primer elemento puede pasar a ser de cohesión.
En la conformación del partido el intelectual orgánico forma parte de su estructura, puesto que los elementos que lo integran, son todos finalmente intelectuales; así el partido en su totalidad es intelectual: “(…) la consideración de que todos los miembros del partido político deben ser estimados como intelectuales, es algo que quizá se preste a motivo de ridículo y de burla, pero, si se reflexiona, nada más exacto que esta afirmación. Podría haber diferencias graduales, y, sin embargo, no es el mayor volumen de alta graduación en la composición del partido, sino su función directiva y organizativa, educativa, es decir, intelectual”.
5.- Funciones del partido y el intelectual.
En el tratamiento del aspecto intelectual del partido, Gramsci caracteriza las funciones y con este fin establece las diferencias necesarias entre dos categorías: los intelectuales como categoría y los intelectuales como categoría orgánica. La divergencia entre estas dos formas de organización de los intelectuales, radica en el propio carácter de las relaciones, el que a su vez determina las funciones.
Por lo que se refiere al intelectual tradicional, mantiene una relación específica tanto con la clase o grupo que representa, como con la clase opuesta. La función del intelectual en este tipo de relación, es precisamente reforzarla, y logra su objetivo fomentando la heterogeneidad con la clase opuesta y la autonomía y hegemonía con su propia clase.
Una misión completamente opuesta corresponde al intelectual orgánico. El carácter estructural estático se rompe en las relaciones, porque el intelectual orgánico es aquel que rompe esquemas establecidos y se inclina por un proceso ininterrumpido de la historia.
Puntualizamos, las funciones del intelectual orgánico son, entre otras, la autonomía el proceso de tipo corporativo, o sea el que permite el manejo de ciertos esquemas que lo ubican por encima de la clase que representa; sino la que lleva a una homogeneización de dicha clase. Es decir, la autonomía no se torna como el primer caso jerarquizada, sino, que, por el contrario, se trata de una interdependencia, en donde la preponderancia corresponde a la clase que el intelectual representa.
La autonomía que implica la homogeneización, tiene, por lo tanto, como función la formación de la voluntad colectiva, la estructuración del bloque histórico, del Estado, del centralismo democrático, de la hegemonía.
Respecto a la voluntad colectiva, el intelectual autónomo contribuye a su formación, en la medida que establece una conciencia general entre los miembros del partido, la que debe estar caracterizada por el afán de obtener reformas económicas y superestructurales.
La voluntad colectiva obedece a una necesidad histórica. Y se contrapone a los gobiernos monárquicos absolutistas, y requiere de la sustitución de las voluntades individuales por una colectiva. “Ello significa que esa nueva voluntad colectiva que representa el partido no aparece de manera espontánea, sino que debe ser promovida constantemente por el partido mismo. La aparición de la voluntad colectiva, por lo tanto, requiere de una acción concreta del partido: la promoción de una reforma intelectual y moral. “(…) El príncipe moderno (dice Gramsci) debe ser obligatoriamente el pregonero y el organizador de una nueva reforma intelectual y moral, lo cual significa que debe crear el terreno para un ulterior desarrollo de la voluntad colectiva nacional popular hacia una forma superior y total de civilización moderna”. Ambas, reformas intelectual y moral, por una parte, y formación de una voluntad colectiva por la otra, están íntimamente ligadas, y la una no puede realizarse sin la otra. A través de la reforma moral e intelectual, el partido deberá ir consiguiendo “que las masas populares se aparten de la influencia ideológica de las clases dominantes para acceder a la forma de cultura superior representada por el marxismo”. De manera que una función básica del partido consiste en difundir una nueva ideología, la que involucra a los trabajadores en el contexto de la historia, la que lucha por arrancar a las masas populares de la influencia ideológica de las clases dominantes. A través de esta difusión ideológica que implica una reforma moral e intelectual, se va organizando también una voluntad colectiva esencial en la lucha de las clases subordinadas contra las clases dominantes.
El papel de los intelectuales en este proceso es esencial, ellos constituyen un extracto de personas “especializadas” en la tarea de elaboración de ideologías en forma conceptual y filosófica. Así, los intelectuales son imprescindibles tanto en la tarea propia de organización como en la elaboración de ideología, tareas que conducen a una reforma intelectual y moral necesaria para la formación de la nueva voluntad colectiva.
En el anterior sentido se pronuncia Gramsci, cuando afirma que “(…) una masa no se ‘distingue’ y no se hace independiente ‘por sí misma’ sin organizarse (en sentido lato), y no hay organización sin intelectuales, o sea, sin organizadores y dirigentes, o sea, sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se precise concretamente en el extracto de personas ‘especializadas’ en la elaboración conceptual y filosófica”.
Pero no se trata en este caso de elaboración de ideologías “individuales” por parte de los intelectuales individuales, sino del forjamiento de una nueva concepción del mundo, por parte de intelectuales orgánicos, integrados al partido, lo que posibilita la unidad de la teoría y la práctica.
Gramsci demuestra la complejidad de este proceso de integración en el siguiente texto:
Hay que subrayar la importancia y la significación que tienen en el mundo moderno los partidos políticos para la elaboración y difusión de las concepciones del mundo, en cuanto elaboran esencialmente la ética y la política coherentes con ellas, funcionando, por así ‘decirlo’; como ‘experimentadores’, históricos de dichas concepciones. Los partidos seleccionan individualmente la masa activa, y la selección se verifica tanto en el campo práctico como en el teórico, conjuntamente, con una relación tanto más estrecha entre la teoría y la práctica cuanto más vital y radicalmente es la concepción antagónica de los viejos modos de pensar. Por eso puede decirse que los partidos son los elaboradores de las nuevas intelectualidades integrales y totalitarias, o sea, el crisol de la unificación de la teoría y la práctica como proceso histórico real (…)”. En este sentido puede decirse que el partido es intelectual colectivo, y que el intelectual forjador de ideologías orgánicas es el intelectual colectivo que es el partido.
En la acción del partido encaminada a la creación de la voluntad colectiva vemos también perfilarse la formación del bloque histórico o unión histórica irrestricta entre la estructura y superestructura.
En otras palabras, el mismo proceso que genera la voluntad colectiva, es simultáneamente la manifestación de lucha de un grupo social (clase) que pugna no sólo por los intereses económicos, sino también por su propia organización; “(…) es en el terreno de las ideologías donde los hombres toman conciencia de los conflictos que se manifiestan en el mundo económico”.
La acción del intelectual orgánico en el proceso de formación de la voluntad colectiva, también demanda una nueva forma de Estado. La aparición del nuevo partido requiere de un Estado que es finalmente la sociedad ordenada. La nueva organización social, requiere de la existencia de un Estado soberano, de un Estado en donde los límites jurídicos desaparezcan, y el derecho positivo no constituya su límite, de tal manera que pueda ser modificado en cualquier momento según lo demandan las exigencias sociales. Asimismo, el intelectual orgánico contribuye a la consolidación del centralismo democrático. Un partido progresivo -función progresiva del partido es cuando tiende a elevar el pueblo a un nuevo nivel de civilización- funciona democráticamente en la medida que garantiza una relación continua entre la base y el Estado mayor dirigente, y en tanto debe adaptar constantemente la organización al movimiento de la realidad y a las necesidades de la clase, tiene que funcionar
democráticamente en términos de un “centralismo democrático”, que busca la múltiple adecuación al movimiento real, a los impulsos de la base, a las experiencias, etc., y evita el entumecimiento burocrático. “El centralismo democrático ofrece una fórmula elástica, que se presta a muchas encarnaciones; dicha fórmula vive en cuanto es interpretada y adaptada continuamente a las necesidades (…)”.
Por último, el intelectual orgánico debilita la hegemonía revestida de coerción. La fórmula hegemónica Estado = sociedad + sociedad política se impone; es decir de la coerción se pasa a la homogeneidad, a la autonomía ejercida por la misma sociedad civil y no ya por la sociedad política.
Bibliografía:
Gramsci, A. (1981). Antología (M. Sacristán, Ed. y trad.). México: Siglo XXI Editores.
Gramsci, A. (1967). La formación de los intelectuales. México: Editorial Grijalbo.
Gramsci, A. (1980). Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno (J. Aricó, Ed.; M. Sacristán, Trad.). México: Juan Pablos Editor.
Piotte, J. M. (1972). El pensamiento político de Gramsci. Barcelona: Colección Beta.










