Los hechos están dando la razón al chavismo
Cada vez que Estados Unidos otorga una de sus “licencias” para operaciones económicas relacionadas con Venezuela se confirma lo dicho y repetido durante años por los voceros de la Revolución y por numerosos analistas independientes: la causa medular de los problemas del país es la política de medidas coercitivas unilaterales (MCU) y bloqueo, dispuesta por el poder imperial.
Aunque hasta la fecha solo han sido “aliviadas” algunas de las sanciones impuestas a Venezuela, ya se aprecia la respuesta de los sectores productivos y la disposición de la sociedad venezolana en general para avanzar hacia la recuperación de las capacidades que esas políticas intervencionistas han mermado y, en algunos casos, anulado por completo.
Las mismas empresas estadounidenses del sector petrolero lo tienen claro: la seguridad jurídica que necesitan sus inversiones no ha sido vulnerada por el Estado venezolano, sino por la política exterior de Washington, que declaró a Venezuela “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de EEUU”.
Ese decreto, emitido por el demócrata afroblanqueado Barack Obama en 2015, fue el punto de partida para una serie de MCU, que hace tiempo pasaron de mil disposiciones, orientadas a ahogar económicamente al país y obligar al pueblo a cambiar el rumbo político que se dio con la Constitución de 1999, ratificado luego en numerosos procesos electorales.
Tal estrategia injerencista ha llegado luego al paroxismo en los dos gobiernos de Donald Trump, a través del bloqueo económico, primero; y de la agresión militar, luego.
Por razones que solo pueden ser comprendidas al analizar el contexto geopolítico completo del momento actual, el gobierno de Trump tras bombardear al país y secuestrar al presidente constitucional Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores, ha asumido una política de “alivio” de las sanciones, principalmente enfocada en la actividad petrolera, pues necesita garantizar la provisión confiable, a largo plazo y desde una región muy cercana a su territorio.
Queda claro, a cada paso, que no fue por decisión de Venezuela que las transnacionales petroleras se encontraban fuera del negocio en el principal productor de hidrocarburos del hemisferio. Fueron las políticas de sanciones, bloqueo y cambio de régimen las que causaron ese desatino, perjudicial en extremo para Venezuela y muy negativo también para las empresas estadounidenses y europeas.
Lo que vendrá
Las más recientes “licencias” de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de EEUU, levantan parcialmente prohibiciones que pesaban sobre las transacciones del Banco Central y de las instituciones financieras públicas. Los expertos estiman que, en caso de que se mantenga, que no experimente retrocesos, esa medida, por sí sola será un elemento acelerador de la reactivación económica nacional.
Lo que surja a partir de esta y otras medidas terminará por darles la razón a quienes han venido denunciando que las sanciones económicas impuestas arbitrariamente por EEUU y sus naciones aliadas, son la causa estructural del bestial deterioro sufrido por las finanzas públicas venezolanas durante más de una década.
También quedará demostrada la tremenda responsabilidad que tienen los dirigentes políticos que clamaron por la aplicación de las mal llamadas sanciones y para que se endureciera el bloqueo. Esas personas, nacidas en Venezuela, son coautoras de los gravísimos daños causados a la economía nacional y a la vida de la población en general, con énfasis en los sectores más vulnerables: infantes, adolescentes, mujeres, pacientes de enfermedades graves, gente con discapacidades y adultos y adultas mayores.
Un patrón nefasto
El caso de Venezuela no es único, sino parte de un patrón. EEUU ha utilizado el régimen de sanciones económicas y bloqueo contra cualquier país que no siga, al pie de la letra, sus dictámenes. Cuba es el ejemplo más claro, al sobrepasar ya los 60 años de bloqueo. Irán viene padeciendo esa política injerencista desde 1979 y contra Rusia se desataron toda clase de MCU lanzadas por Washington y apoyadas por sus socios europeos.
Es muy cuestionable la efectividad de los bloqueos y las sanciones para alcanzar objetivos de cambio de régimen, pero lo que sí es un resultado seguro es el sufrimiento de los pueblos y los daños a las economías. En el caso de Cuba y Venezuela, esos perjuicios no han sido simbólicos, sino que se pueden contabilizar en vidas perdidas, hambre, desnutrición, enfermedades, colapso de servicios públicos y migraciones masivas y descontroladas.
Se trata de agresiones equivalentes a una guerra, que dejan secuelas similares a las de los conflictos armados: ruina física, retraso en materia de educación, enfermedades derivadas de la malnutrición y, quizá la peor de todas, traumas psicológicos y odios profundamente enraizados entre connacionales.
Si a Venezuela se le libra del bloqueo y las MCU, demostrará que esos eran los factores causales de tantas desgracias, todo ello por el absurdo empeño de demostrar que el capitalismo neoliberal es el único camino y que no hay fórmulas alternativas.
Los resultados de estos “alivios” parciales han de ser, en el futuro inmediato, el mejor argumento para la peregrinación global que se ha iniciado en contra de los bloqueos y las sanciones.












