Hemos visto, en las últimas horas, dos cuestiones que parecen absolutamente divorciadas de un propósito de paz real, en torno a la actual tregua de quince días aparentemente acordada por EEUU e Irán, luego de la agresión que tanto el país del norte como su aliado regional, el Estado de Israel, llevaron a cabo desde finales de febrero de este año.
La primera de ellas es una amenaza ni más ni menos que a toda una civilización Persa, lo suficientemente milenaria y experimentada como para saber administrar este tipo de hechos, proferida por el presidente Donald Trump, dejando en evidencia no solo la inexistencia del derecho internacional, ya que absolutamente a nadie se le ha ocurrido desde Naciones Unidas rechazar semejante amenaza, sino además revela hasta donde es capaz de llegar la élite del poder de Estados Unidos para cumplir con su plan de victorias en cada uno de sus hitos de guerra global, en función de reconfigurar el nuevo orden mundial donde ellos sigan siendo vanguardia, en una nueva etapa de «pax americana» anhelada por ellos.
La otra cuestión tiene que ver con el hecho de que, en medio de esta tregua en la guerra contra Irán, resulta risible pensar que se puede sustentar esto en el tiempo si son excluidos Estados como el Líbano, sacado unilateralmente por el Gobierno israelí, lo que da cuenta de su papel de saboteador de cualquier esfuerzo que procure sostener esta tregua hacia un alto al fuego que pueda abrir de par en par las puertas de un acuerdo que acabe la guerra.
Nada más estas dos cuestiones, pudiéramos incorporar muchas otras más, parecen evidenciar que esta tregua de 15 días no es más que el punto previo hacia un nuevo escalamiento en la guerra que de manera desesperada el gobierno de Estados Unidos quiere convertir en una victoria total en contra de la República Islámica de Irán, al punto de proclamarlo tantas veces como la propaganda lo exija, tratando con ello de apaciguar las críticas internas que este conflicto ya tiene con las afectaciones propias que ya sufre el estadounidense promedio, sin contar las consecuencias de mediano y largo plazo en la economía mundial con impacto sobre todas nuestras sociedades.
De hecho, al tiempo que estamos conversando sobre este asunto siguen llegando a la zona de conflicto, o a su perímetro, dispositivos de guerra y fuerzas militares estadounidenses, como preparando algún tipo de acción en territorio iraní para tratar de hacerse de espacios estratégicos como la Isla de Kharg o el estrecho de Ormuz; lo cual abriría las compuertas de una nueva escalada en este conflicto.
Bien vale recordar que en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tanto China como Rusia vetaron recientemente una resolución, presentada por Bahréin, que pretende no solo responsabilizar a Irán de las consecuencias de esta guerra que le ha sido impuesta al Estado Persa, sino además permitir que una especie de coalición militar se encargue del control del Estrecho de Ormuz, ruta comercial esencial para muchísimos insumos que garantizan la sostenibilidad de la economía mundial, entre ellos fertilizantes para los alimentos, y fundamentalmente el tránsito del 26% del petróleo diario que se consume en el planeta.
A todas estas, y en el momento de elaboración de este escrito, pendía de un hilo la reunión de Islamabad, Pakistán, entre funcionarios de la Administración Trump encabezados por su Vicepresidente JD Vance, y del gobierno de Irán, básicamente tensadas por los ataques sistemáticos de Israel hacia El Líbano.
Finalmente y para complemento de todo este asunto tan complejo, los 10 puntos que Irán ha propuesto en la mesa, para tratar de acordar el cese de la guerra, no son los mismos con los que Donald Trump afirmó que existía viabilidad para llegar a algún tipo de acuerdo. En resumidas cuentas la propuesta iraní tiene como base la garantía de que no se vuelvan a repetir escenarios de guerra en su contra, garantizar el control del estrecho de Ormuz, al tiempo de promover un contexto donde sigan teniendo derecho al uso de energía nuclear con fines pacíficos.
Lo cierto es que el tiempo sigue pasando, y salvo dramáticas movidas nucleares por parte de Estados Unidos, con las consecuencias globales que esto tendría en la destrucción de la humanidad toda, pareciera que vamos asistiendo a la misma hoja de ruta de la guerra de Ucrania, que irremediablemente nos lleva a la prolongación de un conflicto cuyas características tendrán impacto en el mundo desde todo punto de vista que usted quiera valorarlo.
Así estamos.












