Comentarios sobre las reflexiones del general Padrino
Luego del cierre de su gestión en el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, el general en jefe Vladimir Padrino López hizo circular algunas reflexiones que han producido, como era de esperarse, muchas reacciones, la mayoría de ellas teñidas de las tóxicas tintas de los extremismos.
El oficial, que ejerció el cargo por más de once años, expresó que evitar una guerra fue siempre su objetivo y que puede congratularse de haberlo logrado, pese a las constantes tentaciones de los sectores radicales.
Sus aseveraciones constituyen material para el análisis del momento histórico que estamos atravesando, catalizado por los sucesos del 3 de enero.
Una visión retrospectiva
Un primer elemento que destaca en lo dicho por Padrino López es que se refiere a la totalidad del largo tramo en el que le correspondió tener la máxima jerarquía dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Cuando dice que evitó una guerra, nos habla de las confrontaciones fratricidas que estuvieron, en varias oportunidades, a punto de estallar, debido a las maquinaciones de enemigos externos e internos y al nivel de descontento que ha sufrido el pueblo en general, producto de la guerra económica, las medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo.
Dijo el exministro: “Valdría la pena preguntarse: ¿Qué habría sido del país, si nos hubiéramos precipitado al tenebroso pantano de una guerra fratricida, entre hermanos? Cuán fragmentado estaría el sistema democrático si se hubiese impuesto la perversa vorágine de los golpes y contragolpes; tan auspiciados por sectores extremistas, con la inevitable consecuencia de la anarquía, el caos, la desolación y la anomia. La FANB fue convidada incontables veces al aventurismo y la barbarie por estas facciones. El Estado, se defendió con determinación y la FANB se colocó en primera línea, cual muro de contención, tarea que le hizo víctima de ofensas, odio e infamias”.
Sobre decisiones difíciles
Padrino también dejó palabras para quienes han reclamado una supuesta falta de determinación de las fuerzas militares en respuesta a la agresión del 3 de enero.
“Reconozco que en mis años al frente del Ministerio de la Defensa, hubo decisiones difíciles de tomar con las inevitables consecuencias, por lo cual también fui objeto de condenas o desdén por algunos sectores de la vida política nacional, incluyendo imputaciones extraterritoriales. Sin embargo, debo decir que tales decisiones siempre se inclinaron por la paz y la vida de los venezolanos y venezolanas, incluyendo la de nuestros soldados y soldadas, portadores de la virtud armada”, escribió el oficial.
Añadió una referencia histórica que alborotó ciertos avisperos: “Tal como dijo el general romano Escipión el Africano, ante la demanda de mayor beligerancia: ‘en mí, mi madre trajo al mundo a un general, no a un guerrero’”.
Con palabras muy bien ponderadas, Padrino dio respuesta a quienes, según parece, de haber estado en su puesto esa oscura madrugada, habrían ordenado repeler el ataque, aunque ello significara derivar en una ola destructiva mucho peor de la sufrida por el país en el breve tiempo de la agresión.
La irresponsabilidad de ciertos guerreros
Tomando la misma cita de Escipión, podríamos decir que entre esos críticos de Padrino por su actuación el 3-E hay muchos que, al parecer, sí fueron paridos guerreros por sus respectivas madres. Pero, revisando el asunto más allá de los fuegos fatuos verbales (sobre todo digitales), se concluye que hay mucha irresponsabilidad en sus planteamientos belicosos.
La historia remota y reciente, así como la más candente actualidad demuestran que si la FANB hubiese respondido con sus recursos de aviación y equipos antiaéreos, la agresión estadounidense se habría intensificado y prolongado, con gravísimas consecuencias para la población en general, la infraestructura pública y privada y la integridad territorial del país. Quien no entienda esto debería revisar muy bien su información respecto a las capacidades militares de uno y otro país.
Obvian estos analistas geopolíticos un hecho fundamental que quedó demostrado ese día, y que ha sido ratificado en los recientes sucesos del Medio Oriente: las guerras son cada vez menos terrestres y más aéreas. Mucho se ha dicho que Venezuela solo tendría alguna ventaja en el caso de una invasión con tropas porque se cuenta con la disposición a la defensa no solo de la FANB, sino también de buena parte de la población civil. Pero, evidentemente, ese no era el escenario del 3-E, cuando EEUU se basó en su superioridad aérea, equipos de guerra electrónica y hasta armamentos desconocidos muy peligrosos. En una confrontación tan asimétrica, ir a una espiral bélica habría sido un suicidio colectivo.
Es significativo que entre los partidarios de una reacción guerrerista abundan ciertos adultos mayores que no serían llamados a integrar las primeras filas de combate en un conflicto de grandes proporciones. Seguramente, muchos de ellos estarían dispuestos a salir a pelear, pero esa, en todo caso, no es razón para llevar a miles de jóvenes militares y civiles al sacrificio ante un enemigo que ha demostrado muchas veces su carácter sanguinario y sin escrúpulos.
Por fortuna, tuvimos un alto mando político y militar —con el general Padrino en un lugar destacado— que fue capaz de pensar con cabeza fría en un momento tan turbulento.












