La ultraderecha sabe que no tiene futuro con el país en paz
El proceso de amnistía y restauración de la convivencia tiene el apoyo mayoritario de un país que quiere la paz y la concordia, para continuar en la senda de la recuperación económica que comenzó hace ya varios años; pese a condiciones externas muy adversas. Pero la reconciliación no goza de apoyo unánime. Tiene unos cuantos enemigos.
¿Quién puede oponerse a que una nación asediada y agredida avance hacia la pacificación y el entendimiento? La respuesta es la más sencilla posible: los enemigos de la reconciliación son quienes saben que, con la paz, su propuesta política no tiene futuro.
Es por eso que la ultraderecha ha dedicado sus esfuerzos a torpedear iniciativas como el proyecto de Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, mediante sus típicas operaciones mediáticas y de redes, utilizando las ya desgastadas ONG, y apelando a desprestigiadas vocerías de la canalla internacional.
El relanzamiento de la matriz de los presos políticos
Una de las tácticas puestas en marcha por los enemigos de la paz ha sido relanzar la matriz de los presos políticos, justo cuando se vienen llevando a cabo excarcelaciones (desde antes de la agresión imperial del 3 de enero) y en tiempos de avance de la Ley de Amnistía.
Mientras las autoridades procuran desarrollar un proceso ordenado de revisión de causas y otorgamiento de beneficios procesales, la ultraderecha manipula para sembrar desconfianza, atiza la impaciencia de los familiares e intenta descalificar el proceso iniciado.
Otro de los componentes de la maniobra apunta a conseguir que sean liberados no solamente los procesados o condenados por delitos políticos o conexos, sino también personas que perpetraron crímenes graves, de odio y de lesa humanidad.
Asimismo, han visto la iniciativa gubernamental como una muestra de debilidad que deben aprovechar para nuevas actividades de desestabilización política, vale decir, para ir en dirección opuesta a la intención de paz y reconciliación.
Expresión clara de ese propósito fue la actitud del dirigente maricorinsta Juan Pablo Guanipa, quien fue excarcelado por decisión unilateral del gobierno y, de inmediato, transgredió los términos del beneficio recibido al intentar el repetitivo plan de “calentar la calle”.
Los estudiantes de la UCV
En el afán de sabotear la amnistía, la ultraderecha ha utilizado sus piezas en el sector universitario. El 12 de febrero, Día de la Juventud, intentaron concentrar fuerzas en el campus de la Universidad Central de Venezuela para repetir uno de sus números favoritos: generar algún tipo de alteración del orden público para propiciar la respuesta de la policía. No pudieron.
Ese día únicamente lograron montar un espectáculo deplorable, en el que algunos de los jóvenes portaban banderas de Estados Unidos, demostrando así la terrible retrogradación histórica que ha experimentado el estudiantado de nuestra principal universidad.
En vista del fallido experimento, intentaron otra de sus fórmulas socorridas. Uno de los dirigentes estudiantiles salió a denunciar que la policía política lo estaba persiguiendo, aunque sin mostrar evidencia alguna de ello. Es el mismo líder que, semanas atrás, intentó debatir con la presidenta encargada, cuando ella supervisaba las obras de restauración de la Ciudad Universitaria. Todo el mundo pudo apreciar que la jefa de Estado lo escuchó y le respondió respetuosamente, pero la ultraderecha pretende modificar esa realidad y hacer ver que fue atropellado por Rodríguez y que ahora es hostigado. Como suele decirse en lenguaje coloquial: ahora cuéntame una de vaqueros.
El odio político contra los deportistas
Una de las expresiones más abominables de los enemigos de la paz es la estigmatización de los deportistas por razones políticas. La semana pasada vimos esta triste actitud luego de que la presidenta encargada recibió, en el palacio de Miraflores, a los jugadores, técnicos y directivos del equipo Navegantes del Magallanes, campeón de la Serie de las Américas, que se disputó en Caracas y La Guaira, con participación de divisas de Argentina, Colombia, Cuba, Curazao, Nicaragua y Panamá.
Los enfermos de odio atacaron a los deportistas por haber participado en el encuentro en la sede gubernamental, argumentando que se estaba apuntalando al “régimen” y politizando el beisbol. Les causó mucha furia ver a peloteros y “coach”, tomándose fotos con la presidenta encargada.
Es un síntoma de disociación mental que merece atención especializada en el caso de los opinadores comunes de las redes sociales, pero en lo que toca a los líderes, es un acto de extremo cinismo, pues si algún sector ha politizado el beisbol ha sido el antichavismo, con apoyo imperial. En 2002, hasta cancelaron el campeonato en pleno diciembre, para aumentar el malestar generado por el paro-sabotaje petrolero y patronal. A partir de mediados de la década pasada, aplicaron medidas coercitivas unilaterales a los equipos que tuvieran alguna participación del sector público (entre ellos, el Magallanes, por cierto); en 2019 impidieron que Barquisimeto fuera sede de la Serie del Caribe y lo mismo hicieron este año, cuando este torneo se iba a realizar en los estadios: Monumental Simón Bolívar, Universitario, y Jorge Luis García Carneiro.
La jugada les salió mal: la Serie del Caribe, mudada a México, fue un gran fracaso económico y deportivo, mientras la Serie de las Américas resultó una experiencia excelente y terminó con un apoteósico lleno en el gigantesco estadio de La Rinconada que sirvió de marco a la gran remontada que coronó al Magallanes.












