En un momento actual, cuando hay quienes pretenden partir la historia en dos, y así transparentar las responsabilidades propias endilgándoselas a otros, es bueno revisar la historia más para buscar razones sagradas que por procurar simples culpables, más para encontrar hojas de ruta que hagan efectivos los refuerzos actuales, que en la búsqueda de reeditar posturas existenciales impuestas por factores de afuera buscando una guerra en Venezuela.
Y esto es bueno advertirlo, porque hay dos temas que han salido a la luz en la última semana. Por un lado la Reforma Parcial de la Ley de Hidrocarburos, sancionada por unanimidad de todos los factores políticos que componen la Asamblea Nacional, más allá de la mayoría calificada del Gran Polo Patriótico, lo cual no es cosa menor; y por el otro el anuncio por parte de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, de una iniciativa de Ley de Amnistía para el período histórico 1999 – 2026, con algunas excepciones puntualizadas en su intervención, pero con el espíritu muy claro de procurar una nueva etapa de consolidación de la paz para nuestro país.
Sobre el primer aspecto es válido recordar que cuando Hugo Chávez llegó al poder, el 2 de febrero de 1999, la lógica petrolera del país se encontraba absolutamente adherida una política de apertura petrolera desarrollada por el Presidente Rafael Caldera, en el marco de la denominada «Agenda Venezuela», que en su lógica daba absoluta libertad a Petróleos de Venezuela PDVSA, y al país en general, para aceptar contratos con regalías del 1%, exenciones casi totales en materia de impuestos, sumada a la aceptación de que lo que había en la Faja del Orinoco no era petróleo, sino bitumen, que en su momento era mucho más barato y por ende mejor negocio para las petroleras.
El claro esfuerzo del Comandante Hugo Chávez por recuperar el valor del petróleo para nuestro país, incluso viajando por todos los países de la OPEP hasta llegar a la Cumbre de Caracas del año 2000, no sólo permitió una recuperación del valor real del motor energético del mundo (el petróleo), sino además abrir la caja de Pandora de una primera Reforma de la Ley de Hidrocarburos que básicamente restauraba un conjunto de derechos que Venezuela había perdido durante la apertura petrolera, incluso hasta el reconocimiento de la faja como petrolífera y no bituminosa.
Por supuesto, esta maniobra llevó a la recomposición de todas las fuerzas opositoras, derrotadas el 6 de diciembre de 1998, para cometer el pecado original que nos tiene aquí: El golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que fue ni más ni menos que el inicio de una lógica de confrontación donde la oposición en líneas generales, y salvo muy pocos momentos excepcionales, dirigía todos sus esfuerzos al derrocamiento del sistema político que democráticamente nos dimos los venezolanos en 1999.
Esto se llevó a cabo, fundamentalmente, por esa reforma del instrumento legal en materia de hidrocarburos, hecho por Chávez mediante Ley Habilitante en 2001. De hecho y para buen recordatorio de cualquier historiador, la iniciativa de hacer cambios fundamentales a esta Ley llevó ni más ni menos que al golpe de Estado (que no pocos consideran también un pecado original para el proceso paulatino de democratización del país a partir del fallecimiento del dictador Juan Vicente Gómez, y el proceso posterior), que le dieron al general Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945, y que alguno de sus protagonistas refrendarían afirmando la responsabilidad de quienes dieron este paso para el futuro de Venezuela, siendo importante su impacto histórico en todo el siglo XX nacional.
Es bueno hacer esta aclaratoria, porque de repente han aparecido algunas personas que afirman, desde un patriotismo muy renovado, críticas sin mayor fundamento a la ley que hoy ha sido reformada, y que si bien es cierto contiene un conjunto de modificaciones y flexibilidades en la ley del año 2006, sería imposible de equilibrar si no partiéramos de aquel, es decir si el país se hubiera quedado amablemente aceptando que en la faja y bitumen, que todo contrato puede tener regalías del 1% y absolutas excepciones en materia de impuestos. Tales cosas que si existían en 1998, no están en la Reforma de 2026.
Por su parte el anuncio por parte de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, de una Ley de Amnistía que debería eventualmente ser aprobada por la Asamblea Nacional, no es más que una de tantas oportunidades que el país ha intentado darse para acabar con la lógica existencial como fundamento de conducta política, que si bien tiene responsabilidades internas en todos los factores políticos de la sociedad venezolana, es innegable que ha sido azuzada fundamentalmente desde Washington, con independencia de quién esté sentado en el Salón Oval de la Casa Blanca.
Basta ver cómo, al ser derrotado el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, el comandante Hugo Chávez, con un crucifijo en sus manos, llamó a la paz del país e incluso dio una nueva oportunidad a factores de la llamada «gente del petróleo» para que regresaran y avanzaran juntos en un proceso de recomposición, luego de ese aciago mes de abril. Esto fue entendido básicamente como una debilidad de la Revolución Bolivariana que se convirtió en una nueva conspiración, vía sabotaje petrolero, que le costó al país la bicoca de más de 20.000 millones de dólares.
Recordemos también que en 2007, y luego de la derrota del proyecto de Reforma Constitucional en el referéndum del 2 de diciembre de ese año, Hugo Chávez interpretando el momento político decidió echar a andar una Ley de Amnistía, incluso con muchos de los atributos y excepciones de la propuesta en 2026.
Finalmente, es bueno recordar que en tiempos del presidente Nicolás Maduro Moros también han sido impulsados este tipo de procesos, que no solo llevaron a un fructífero diálogo con los sectores empresariales, al punto del impulso de una agenda económica bolivariana que hoy tiene 14 motores productivos y muchísimo por hacer y trabajar en ese sentido, sino además proceso de diálogo y entendimiento con factores políticos proclives a desescalar esa lógica existencial de la cual hemos hablado arriba.
De hecho, si quien nos lee procura su discurso del 24 de mayo del año 2018, ante la Asamblea Nacional Constituyente, allí el presidente Nicolás Maduro Moros habla de un momento político donde es necesario iniciar un proceso de pacificación nacional total del país, llevando al estudio de procesos parecidos como los que se dieron en la Suráfrica dirigida por el gran líder Nelson Mandela.
Por ende, es bueno decir algunas cosas en un momento tan desafiante que también precisa razones sagradas.












