Si algo dejó el 80.° Período Anual de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas realizado en su sede, en Nueva York, fue la confirmación de algo que hace rato venía pululando producto de los hechos de la política internacional reciente: las Naciones Unidas han muerto.
Por supuesto su deceso no ocurre de la noche a la mañana, especialmente el inicio del siglo XXI mostró la voluntad de la élite de poder de los Estados Unidos de socavar todos los regímenes internacionales existentes, ya que en su carrera globalizadora se le presentaban férreos y fuertes enemigos que hoy son una realidad enorme, irrumpiendo hoy en una multipolaridad que exhibe liderazgos en campos tan sensibles como la economía, la tecnología, lo militar y, más importante aún, la propuesta de un orden civilizatorio alternativo.
Esto último, ante la crisis estructural de los dos grandes estandartes sobre los cuales se erigió la hegemonía exclusiva que el imperio estadounidense exhibió a partir de la caída de la Unión Soviética en 1991.
Por un lado: el neoliberalismo económico presentado como el modelo de desarrollo de la humanidad; cuestión que con el tiempo ha demostrado ser una farsa total, ya que se ha consolidado la concentración de riqueza en pequeñas manos, y la desconcentración de la pobreza, y la desigualdad en millones de ciudadanos en este hemisferio.
En segundo lugar: la democracia liberal representativa, presentada con un mecanismo todopoderoso de una supuesta voluntad de la soberanía popular, y mostrada al mundo bajo el mito del supuesto desarrollo de las libertades individuales y colectivas que serían imposibles bajo otro modelo.
La realidad es que ni siquiera los axiomas de ese modelo son implementados en lo interno de Estados Unidos (que se erige como padre de la democracia occidental); se observa hoy a un Gobierno de Donald Trump que pasa por encima de todas las instituciones que supuestamente funcionan bajo el otro mito liberal de la «división de poderes»; mientras su predecesor, Joe Biden, es acusado directamente de fraguar un fraude electoral y un golpe de Estado que pone en cuestionamiento todas las bases y principios que afirma defender.
Esto, sin ver el doble rasero con el cual son implementados gobiernos de transición y dictaduras salvajes en varias áreas del mundo -bajo la protección de Washington- pero con un severo cuestionamiento al axioma de la democracia liberal representativa, que además carece de capacidad real para solucionar los problemas cotidianos del ser humano individual y colectivo; es decir, su desarrollo y bienestar a partir del ejercicio político democrático, bajo este marco.
Teniendo esto en cuenta, el socavamiento estructural de las Naciones Unidas, implementado por Estados Unidos, responde básicamente a la necesidad de implementar su brazo militar como la única forma de frenar la expansión y crecimiento de un hemisferio oriental, que está sustituyendo -como modelo civilizatorio- a un hemisferio occidental en una crisis total que incluye la correspondiente al fuero interno de Estados Unidos; que hace esfuerzos desesperados por sostener una hegemonía exclusiva que ya no tiene.
La famosa guerra contra el terrorismo de George W Bush, o la guerra contra el narcotráfico implementada hoy por Donald Trump, son dos gotas de agua aplicadas para socavar el sistema de Naciones Unidas, mientras sigue en el tubo de ensayo el respaldo al genocidio del Estado de Israel en contra del pueblo de Palestina. Asunto que el hemisferio occidental calla y apenas hace declaraciones hipócritas de reconocimiento a un Estado que en los hechos está siendo destruido, mientras su población es aniquilada.
En la arena de la realpolitik, queda ver si a los escombros de Naciones Unidas sucede el escalamiento definitivo de esta tercera guerra mundial por capítulos, o se produce el desescalamiento a través de la configuración de la cancha del nuevo orden mundial que pasa por el reconocimiento de al menos tres poderes mundiales que serían sus garantes, EEUU, la República Popular China y la Federación de Rusia.
Desafortunadamente, y vistos los discursos de la 80.° Asamblea General de Naciones Unidas, sumando todo lo que está sucediendo en este 2025, la guerra total va ganando la partida.
Cada quien que tome nota.












