Un poco más de 120 días han pasado desde la agresión militar por parte de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en contra de la República Bolivariana de Venezuela, que resultó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y de la Primera Dama y diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores.
Más allá del plan de tres fases que este dispositivo incluyó, y que básicamente todos a nivel nacional e internacional conocemos, es muy claro que para la élite de poder de Estados Unidos una intervención militar prolongada en Venezuela no estuvo en el primer objetivo, tomando rumbo la idea del secuestro del Jefe de Estado, y evidentemente con ello tratar de torcer la voluntad de las decisiones políticas de la Revolución Bolivariana en función de sus intereses estratégicos. Demás está decir que aquí es clave la cuestión petrolera, minera y gasífera .
Este ataque fue precedido por más de 40 días de bloqueo naval y una zona de exclusión aérea, con la consecuencia inmediata de que no ingresara ni un centavo a las arcas del Estado venezolano, siendo este uno de los últimos dispositivos de esta fase de máxima presión que comenzó con el despliegue militar sobre el Mar Caribe en agosto del año pasado.
Tales cosas, y siguiendo en el plano estrictamente político, implicaban por lo tanto una disyuntiva. Asumir frontalmente una guerra contra esta potencia militar, cuestión a la cual siempre estuvo negado el propio presidente Maduro, a tal punto que en septiembre de 2025 envió una misiva a su par estadounidense, tratando de fijar las bases de un proceso de diálogo más profundo y duradero; ubicar un medio mecanismo que permitiese empezar un proceso serio de diálogo constructivo que desescalara un escenario de guerra que en primer lugar atenta contra la vida de millones de venezolanos y venezolanas, la posible destrucción de elementos estratégicos que garantizan la vida cómo ha estado, y por ende, dadas la circunstancias actuales poner en peligro nuestra propia condición de república libre.
Aquí es donde la Diplomacia Bolivariana de Paz tomó forma de dispositivo político para empezar a avanzar en la reconstrucción de una relación que, por un lado, vaya dirimiendo la contradicción histórica entre la doctrina de Simón Bolívar y la doctrina Monroe, al tiempo de construir una hoja de ruta de reconstrucción de una relación que en el corto, mediano y largo plazo debe conducir a una complementariedad de ganar ganar entre ambas naciones, mucho de lo cual se encuentra en la carta enviada por Maduro a Trump.
De aquí en más, este dispositivo ha logrado triunfos. Un proceso interno de pacificación nacional a través de la implementación de una Ley de Amnistía, incluso aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional contó con actitudes contradictorias de ciertos sectores de la oposición venezolana.
Reformas legales en materia de hidrocarburos y minas, para reinsertar a Venezuela en el esquema competitivo geoeconómico, como seguro proveedor de estos recursos para el hemisferio occidental, desde una perspectiva de ganar ganar, y donde empiezan a fraguarse primeros entendimientos con factores transnacionales que hace mucho tiempo no se encontraban en nuestra patria.
Un proceso de peregrinación nacional cuyo primer capítulo ha logrado incrementar la conciencia nacional sobre la necesidad del cese definitivo de las medidas coercitivas unilaterales en contra de Venezuela, así como movilizar e incluir a sectores diversos del país nacional.
Más cuando todos, salvo algunas excepciones fuera de toda realidad, hemos concertado en la idea del daño que estas 1088 medidas causan sobre el cuerpo social económico de nuestra patria.
Son pinceladas de un proceso que es el preludio de lo que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a quién le ha tocado asumir con mucha fortaleza La vanguardia de este momento histórico nacional; ha afirmado: el renacer de una Venezuela que abre las puertas hacia el definitivo futuro marcado por su recuperación.
Por supuesto, son muchos los pasos que hay que dar; pero los triunfos concretos de las primeras horas de una agresión que desafía en todo sentido nuestra Independencia Nacional, definitivamente hay que exaltarlos como parte de esfuerzos convertidos en triunfos a más de 4 meses de ese fatídico tres de enero.












