No hay duda de que los éxitos puntuales y no definitivos, que Estados Unidos tuvo con las agresiones hacia Siria y Venezuela, envalentonaron a todo un sector extremista de la Administración Trump para seguir dando pasos en medio de una guerra global marcada en hitos, y cuya principal determinación estratégica es volver a entronizar una era de «pax americana» que borre del mapa cualquier alternativa, especialmente la multipolar, a la hegemonía exclusiva que pretende Washington.
No se trata, por ende, de una especie de repliegue táctico, como se malinterpretó de los documentos emanados por ellos mismos. Se trata de un reposicionamiento global que tiene como principal fuerza de defensa el control político y militar de una América Latina hoy fragmentada; con su zona de paz destruida a partir de los hechos del 3 de enero.
Bajo esta situación de control por la diplomacia de la fuerza, ahora avanzan hacia otras regiones del mundo con el fin de descarrilar una multipolaridad que se encuentra desafiada en todo sentido, después de presentarse como una alternativa real al modelo unipolar que ha gobernado el planeta a partir de la caída de la Unión Soviética en la década final del siglo XX.
Siendo así la guerra en contra de la República Islámica de Irán adquiere una forma existencial relevante para la administración Trump. Cualquier escenario que no sea una victoria aplastante y el fin del régimen político del Estado Persa podría verse como una derrota estratégica para Estados Unidos, pudiendo ser el puntapié de un proceso de resistencia más acabada en contra de quienes sin tapujos afirman el control del mundo con el uso de la mano militar, al punto de pretender sustituir el nombre estrecho de Ormuz, por «Estrecho de América».
Los objetivos de esta operación coaligada con el Estado de Israel, para hacer valer además el plan que tienen de expansión territorial sobre toda la región, cuyo proceso parece precisar la destrucción absoluta de territorios y naciones enteras, parecen estar perfilados en algunos puntos específicos que pudieran entretejerse, o no, dependiendo de su visión.
Acá esbozamos algunos de ellos:
Decapitar por completo al Gobierno y al Estado de Irán, básicamente por vía de ejecución a través de bombardeos de sus líderes; al tiempo de destruir por completo toda capacidad de sostenimiento político de la República Islámica de Irán, especialmente en cuanto al funcionamiento de su economía, su sociedad, y su capacidad militar de defenderse, permanentemente, ante cualquier agresión.
Promover desde lo anterior el cambio de régimen político en la República Islámica de Irán, y la restauración de la monarquía del Sha de Irán Reza Pahlaví, quien gobernó ese Estado hasta la revolución de los Ayatolas de 1979 – 1980.
Logrando los dos primeros puntos: favorecer el control de la región por parte de Estados Unidos, utilizando al Estado de Israel como pivote expansivo a través del plan que tratan de legitimar en su Consejo de Paz, y convertir el sistema político iraní y la provisión de recursos petroleros en dispositivo bajo el control del occidente colectivo encabezado por Estados Unidos, incluso desde el control del estrecho de Ormuz.
Causar daño directo a la República Popular China, que de suyo recibe hasta 1,9 millones diarios de barriles de petróleo del Estado Persa, haciendo difícil su acceso a este recurso estratégico y por ende causar daño estructural a la economía del gigante asiático.
Favorecer, con el control de Irán, una política de mayor aproximación militar del occidente colectivo a la Federación de Rusia, si consideramos la frontera directa que existe en el Mar Caspio, y la zona de aproximación qué significa la frontera de Azerbaiyán con Irán, que daría acceso fácil a la apertura de nuevos frentes de guerra en contra del país eslavo, sumados al que hoy afronta en contra de Ucrania.
Garantizar una posición de poder por parte de la Administración de Donald Trump en sus negociaciones con la República Popular China, previstas para el mes de abril próximo, ancladas en la prolongación de un conflicto que sin duda alguna afecta todos los circuitos económicos y políticos de una región que es esfera de influencia directa de Rusia y China.
Destruir abiertamente a la Organización de Países Exportadores de Petróleo OPEP+ y al Grupo BRICS+ como medios que han sido identificados claramente como amenazantes al ejercicio de la política exterior de Estados Unidos.
La posibilidad estratégica por parte de Estados Unidos de promover la destrucción total de todas las capacidades energéticas de la región, lo que haría factible la imposición de una lógica de reconstrucción al estilo Franja de Gaza, que intente ser legitimada en el Consejo de Paz creado por la Administración Trump, como instrumento que solape el papel del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Lo anterior tendría como objetivo dañar severamente las economías de China e India, supeditando la provisión de energía a la esfera de influencia estadounidense, cuestión que estamos viendo en los hechos actuales con el movimiento de reservas estratégicas de todos los países integrantes de la Agencia Internacional de Energía, lo cual fue anunciado recientemente por Canadá; así como el levantamiento parcial de sanciones a la Federación de Rusia para que pueda incrementar la provisión de recursos energéticos al mundo, especialmente a Europa, con el propósito de mantener estables los precios de la energía a nivel mundial.
En dado caso y más allá de los ítems anteriores, el quid del asunto está en las capacidades reales del Estado Persa para sostener el actual toma y dame con una potencia superior, como la estadounidense, desde el punto de vista militar, así como el precio político del sostenimiento de su sistema; dadas las afectaciones por los bombardeos masivos en esa Nación, con las pérdidas materiales y humanas que esto conlleva.
Si bien es cierto que Estados Unidos e Israel procuran, de la manera más rápida posible, conseguir sus objetivos estratégicos y tácticos, y que al sol de hoy tenemos una resistencia iraní con resultados en el campo de batalla; sería ingenuo considerar que estamos ante algún factor sorpresa ya que todos los actores están muy claros de las capacidades militares que posee el Estado Persa para enfrentar una agresión como la que se lleva a cabo en su contra en la actualidad.
La pregunta es saber si, en medio de este irremediable prolongación de la guerra, Irán podrá resistir los embates de EEUU y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, que pronto se sumarán con más fuerza a la campaña bélica.










