Los precios del petróleo han vuelto a dispararse en los mercados internacionales, alcanzando niveles no vistos desde julio de 2022, en medio de la creciente inestabilidad geopolítica provocada por la agresión estadounidense-israelí contra Irán y el consiguiente bloqueo de rutas marítimas estratégicas.
El futuro del crudo Brent, de referencia en Europa, llegó a cotizar en los 104,81 dólares por barril. Tras un breve descenso, el precio de referencia mundial repuntó un 1,39%, consolidándose en máximos históricos recientes. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), crudo de referencia en Estados Unidos, se sitúa en torno a los 99 dólares por barril, marcando también su cifra más alta desde julio del año pasado.
La escalada de los precios responde directamente a la confrontación desatada a finales de febrero, cuyo punto álgido ha sido el cierre del estrecho de Ormuz. Esta arteria marítima, ubicada entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, es considerada clave para la economía global, ya que por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del suministro energético mundial.
La tensión en la zona se mantiene en máximos después de que los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán reiteraran la semana pasada su advertencia de que las embarcaciones de Estados Unidos y las de sus socios no pueden cruzar esta vital vía marítima. Esta amenaza, ahora materializada, interrumpe el flujo de petroleros y gaseros, generando temores sobre la seguridad del suministro y empujando los precios al alza en un mercado ya de por sí tenso.
Analistas advierten de que, mientras persista el conflicto y se mantenga el bloqueo en Ormuz, la volatilidad y la tendencia alcista en los precios del crudo podrían continuar en los próximos días.










