La Asamblea Nacional (AN) se prepara para vivir una jornada histórica con la aprobación de la Ley de Amnistía. En el marco de la cuarta transformación (4T) y como parte de las 7 Transformaciones (7T) rumbo al 2030, este instrumento legal se erige no solo como un gesto de humanismo, sino como una reivindicación de la esencia más profunda de la Revolución Bolivariana: la vocación de incluir, perdonar y construir Patria desde el abrazo del Pueblo.
Este proyecto de ley se inspira directamente en los hitos fundacionales del proceso revolucionario. Desde el mismo 4 de febrero de 1992, cuando el Comandante Eterno Hugo Chávez asumió la responsabilidad de una rebelión cívico-militar que despertó la conciencia del pueblo, la figura de la amnistía ha sido un faro de justicia histórica. Fue precisamente una amnistía, concedida tras su salida de prisión, la que permitió al líder bolivariano transitar del cuartel a la calle, y de la calle a la victoria electoral del 6 de diciembre de 1998, dando inicio a la era de la democracia participativa y protagónica.
Así como aquella amnistía allanó el camino para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, que enterró para siempre la corrupta y excluyente Constitución de la IV República, esta nueva ley busca ahora sellar una nueva etapa de paz. Se trata de seguir el ejemplo de aquel 25 de abril de 1999, cuando el pueblo, con su voto mayoritario, le dijo «Sí» al cambio y comenzó a escribir su propio destino.
La Revolución siempre ha legislado para el Pueblo. Recordemos que, en noviembre de 2001, el Comandante Chávez hizo uso de una Ley Habilitante para aprobar 49 leyes, entre ellas la Ley de Tierras y la Ley Orgánica de Hidrocarburos, con las que le devolvió al pueblo la soberanía sobre los recursos de la Nación y dinamitó las bases del latifundio y la oligarquía. Hoy, con la misma valentía y amor por la Patria, la Asamblea Nacional da un paso al frente para desactivar odios y construir convivencia.
El presidente Nicolás Maduro, como hijo del Gigante y líder de esta etapa de resistencias y renacimientos, ha sido el gran impulsor de esta iniciativa. Tras soportar una guerra multiforme que incluyó guarimbas, golpes de Estado, magnicidios fallidos y la aplicación criminal de más de 900 medidas coercitivas unilaterales por parte del imperialismo, el Mandatario ha optado por la senda de la Gran Transformación Social.
Esta Ley de Amnistía es un misil dirigido al corazón del fascismo, pero cargado de amor. Es la continuación de aquel 13 de abril de 2002, cuando el pueblo en la calle y los militares patriotas, unidos cívico-militarmente, rescataron el hilo constitucional que la derecha pretendió romper. No olvidamos, pero somos constructores de paz.
La Ley de Amnistía se enmarca en el objetivo supremo de consolidar la independencia y la paz, tal como lo establecen las 7 Transformaciones (7T) rumbo al 2030. No es un punto final, es un punto y seguido en la construcción del Socialismo Bolivariano. Es la mano tendida del Estado a aquellos que, engañados por la oligarquía, tomaron caminos equivocados, ofreciéndoles la oportunidad de reintegrarse a la vida nacional y aportar al desarrollo del país.
El espíritu de esta ley es el mismo que ha guiado la creación de las grandes misiones sociales: Robinson, Barrio Adentro, Vivienda Venezuela. Así como esas misiones rescataron del olvido a millones de excluidos, esta ley rescata para la Patria a hermanos y hermanas que estaban del lado equivocado de la historia.
En un acto profundo de amor al pueblo la presidenta encargada Delcy Rodríguez, presentó formalmente la propuesta de Ley ante el Parlamento, quedando establecida para su discusión y posterior aprobación por parte de los diputados y diputadas. «Hoy honramos la memoria del Comandante Chávez presentando esta ley que nos reconcilia como hermanos», expresó Rodríguez.
Con esta acción, la Revolución Bolivariana demuestra, 27 años después de aquella primera victoria popular, que su fortaleza es moral y su camino es el de la democracia más profunda.










