Por: Farith Fraija
Lo que ha sucedido en Venezuela, es un crimen atroz contra los esfuerzos que se adelantan por más de 80 años a nivel mundial. La decisión de agredir militarmente a Venezuela, y secuestrar al presidente Nicolás Maduro y su esposa, nos retrocede a la barbarie del siglo XV, cuando la expansión de los imperios se forzaba de manera similar. Es eso, es la lógica del imperialismo operando contra las formas modernas de establecer las relaciones entre las naciones del mundo.
Con las últimas “modificaciones” a las acusaciones contra el presidente Nicolás Maduro, las declaraciones cargadas de arrogancia que precedieron los hechos del 03 de enero y las posteriores, queda claro lo que siempre hemos tenido claro; que el interés reposa sobre los recursos naturales de nuestro país. Pero si bien la vía para el desarrollo de alianzas y estrategias comerciales, pudieron darse en el plano diplomático y del derecho internacional privado y público, la decisión fue la violencia, fue el uso de la fuerza desmedida y artera contra nuestro país.
Ahora, ¿Qué lo motiva? ¿Por qué si la vía pudo haber sido pacifica, se construyó una retórica débil e insostenible para atacar al gobierno venezolano y generar las condiciones para lo que hicieron? Hay muchas razones que se remontan al inicio de la Revolución bolivariana y el asedio al que fue sometido el presidente Chávez en todo su ejercicio; y más desde la elección democrática de Nicolás Maduro. Pero hay un factor que está acelerando estas acciones erráticas; y es que la crisis interna atemoriza al gobierno de Trump, el cual avizora una derrota en las elecciones legislativas venideras. Una jugosa cortina de humo para saciar la sed del capital petrolero y minero, sumado a la recuperación del voto latino, era una buena apuesta.
Desde su llegada, bajo el lema de make america great again, inició una política anti migratoria, con similitudes retóricas y axiomáticas que el mundo no veía desde los tiempos de Adolf Hitler en la Alemania herida por la derrota en la primera guerra mundial. Se desarrolló una politica hostil de persecución al migrante, paradójicamente en un país constituido por migrantes europeos, que progresivamente han incorporado a su sincretismo las dinámicas de los pueblos de America Latina y el Caribe.
Hoy, el presidente de origen escocés y alemán, tiene como secretario de Estado a un norteamericano de origen cubano. A pesar de ello, la persecución ha sido bestial. Además, está la política arancelaria que busca proteger la industria nacional, la cual se ha llevado con la misma arrogancia con la que se ha atacado a la migración, creando tensiones con naciones que, otrora, fueron aliadas; como el caso de México y Canadá, sumándose las tensas relaciones con los países asiáticos. El resultado es una caída de 45 a 25% de popularidad entre la población de origen latino.
A eso se le adiciona una crisis moral sin precedentes, la vinculación de Trump al escándalo político y social más grande de la historia norteamericana de la trata de personas, pedofilia, prostitución infantil y explotación sexual. Epstein, un financiero estadounidense vinculado a una red de tráfico sexual, mantuvo relaciones con diversas figuras del poder, incluido Donald Trump. Este escándalo, ha contribuido al deterioro de la imagen de Trump y ha intensificado el escrutinio sobre su círculo más cercano.
Las consecuencias, las podemos evidenciar en las derrotas electores de los republicanos en espacios tradicionalmente conservadores. En 2025, los republicanos sufrieron derrotas importantes en varias contiendas estadales y municipales, lo que evidenció un creciente descontento popular con las políticas del partido bajo el liderazgo de Trump. Estas pérdidas no solo reflejaron la fragmentación interna y el desgaste político, sino que también anticiparon un escenario complicado para las próximas elecciones legislativas, donde la posibilidad de perder el control del Congreso se ha vuelto una amenaza real para la administración republicana.












