Una marea humana de cientos de miles de personas llenó este sábado las calles de Roma en una masiva manifestación que fusionó la huelga general por derechos laborales con un potente grito por la paz y la solidaridad internacional. Bajo la convocatoria de la Unión Sindical de Base (USB), trabajadores, jóvenes, pensionistas y migrantes unieron sus voces para exigir salarios dignos, justicia social y un alto a las guerras, en una demostración de fuerza que superó todas las expectativas.
La marcha, que se distinguió por su marcado carácter internacionalista, estuvo encabezada por figuras globales como la activista climática Greta Thunberg y la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, junto a dirigentes sindicales y el economista Luciano Vasapollo. Esta alianza simbolizó la convergencia de los movimientos ecologistas, los defensores de los derechos humanos, los trabajadores y los activistas por la paz.
Las banderas de Palestina, Venezuela y Cuba se mezclaron con las pancartas sindicales, destacando la defensa de la autodeterminación de los pueblos como un pilar central de la protesta. Los manifestantes corearon consignas de apoyo al pueblo venezolano, ante lo que se denunció como una inminente amenaza de agresión imperialista, subrayando que la lucha por los derechos sociales en Italia está intrínsecamente ligada a la resistencia contra las injerencias en países soberanos.
Solidaridad internacional: Un eje central
En declaraciones exclusivas durante la movilización, el profesor Luciano Vasapollo, cofundador de la Red de Artistas e Intelectuales en Defensa de la Humanidad en Italia, explicó la importancia de la solidaridad con Venezuela: “La presencia de banderas venezolanas en la marcha significa reafirmar que la solidaridad internacional es parte integrante de nuestra lucha por los derechos, por el salario y por la dignidad del trabajo”. Vasapollo alertó sobre el “riesgo real de una intervención militar directa” contra el país suramericano y recalcó que “denunciar esta amenaza es fundamental, porque afecta a la propia idea de autodeterminación de los pueblos”.
Al ser interrogado sobre la conexión entre las reivindicaciones locales y la lucha global, el economista fue contundente: “Hoy defender a Venezuela o a Palestina significa defender la dignidad de quienes trabajan, porque la economía de guerra y las políticas neoliberales siempre golpean a los más débiles”.
El mensaje central de la jornada fue claro: “No más beneficios y armas, sino trabajo, bienestar, paz y justicia social”. Vasapollo hizo un llamado a construir “una izquierda de clase, conflictiva y autónoma” que no haga concesiones a la economía de guerra y que sea capaz de proponer un proyecto concreto para cambiar el país.










