La delegación de la República Bolivariana, encabezada por el Canciller Yván Gil, llevó un mensaje contundente a la Cumbre CELAC-Unión Europea, denunciando las acciones que atentan contra la soberanía y la paz en el continente. El mensaje oficial, transmitido mediante una misiva del presidente Nicolás Maduro, exigió un frente común para rechazar la injerencia externa.
La intervención venezolana puso el foco en lo que calificó como una peligrosa escalada militar en el Mar Caribe. Se señaló la presencia de «destructores misilísticos y submarinos nucleares» como un análogo moderno de antiguas expediciones coloniales, diseñado para el sometimiento y el tutelaje de la región.
El documento alertó que el despliegue bélico no solo intimida, sino que ha derivado en tragedias humanas, mencionando informes de la ONU que apuntan a «ejecuciones extrajudiciales de civiles» en Alta Mar, crímenes que, según el comunicado, violan el derecho internacional y deben ser investigados de inmediato.
La postura venezolana rechazó de manera categórica la revitalización de la Doctrina Monroe, calificando su uso bajo pretextos como la lucha contra el narcotráfico como un intento de justificar intervenciones y un medio para apoderarse de los vastos recursos naturales de la región.
En contraposición, la delegación instó a los líderes presentes a tomar la herencia de El Libertador Simón Bolívar, como guía, promoviendo la unión continental y la autodeterminación. Se llamó a hacer de la CELAC un «acto de firmeza» en defensa de América Latina y el Caribe como una Zona de Paz.
En un punto dirigido directamente a la Unión Europea, Venezuela pidió el cese de las medidas coercitivas unilaterales e ilegales que afectan a sus pueblos, señalando que las denominadas «sanciones individuales» terminan obstaculizando el desarrollo y lesionando los derechos fundamentales.
Finalmente, el Gobierno venezolano reiteró su condena al bloqueo económico contra Cuba y la exigencia de que el país caribeño sea excluido de la lista de supuestos patrocinadores del terrorismo, instando a las potencias a sustituir la lógica de castigo político por un diálogo horizontal y respetuoso para la cooperación.












