El líder supremo de la República Islámica, el Ayatolá Alí Jameneí, emitió una declaración contundente que establece un ultimátum geopolítico para cualquier posible cooperación con Estados Unidos. Jameneí declaró que Teherán solo consideraría abrir canales de diálogo si Washington abandona por completo su apoyo a Israel y cesa toda intervención militar en Oriente Medio.
Una enemistad «esencial» y no táctica
Durante un discurso dirigido a la juventud, el líder persa detalló la naturaleza profunda del conflicto con Washington. Señaló que la hostilidad estadounidense hacia Teherán no se ha limitado a la retórica, sino que se ha manifestado a través de un abanico de acciones: desde sanciones económicas y campañas de propaganda hasta ataques militares directos contra intereses iraníes.
»La arrogante naturaleza del país estadounidense no acepta nada menos que la rendición,» aseveró Jameneí, destacando que el objetivo histórico de todos los presidentes de EE.UU. ha sido doblegar a Teherán. Calificó como «absurdo» esperar la sumisión del pueblo iraní, haciendo referencia a la claridad con la que la actual administración estadounidense ha expresado ese deseo de rendición.
Respondiendo a recientes menciones de funcionarios estadounidenses sobre una potencial cooperación, el Ayatolá fue categórico, cualquier colaboración es «incompatible e inaceptable» mientras Washington mantenga su alianza con Estado hebreo.
Las condiciones fijadas por Jameneí son:
- Cese total de apoyo de EE.UU. a Israel
- Retirada inmediata de todas las bases militares estadounidenses de la región
- Abstención completa de intervenir en asuntos internos de Oriente Medio.
El líder supremo concluyó su mensaje indicando que, si bien estas condiciones son necesarias, su cumplimiento no es «previsible por ahora, ni en un futuro próximo», lo que subraya la firmeza de la postura de Irán.
La tensión se mantiene elevada tras los enfrentamientos ocurridos entre el 13 y el 24 de junio, en lo que se denominó la «Guerra de 12 días». Durante este conflicto, que comenzó con un ataque israelí no provocado, las instalaciones nucleares y altos cargos militares de Irán fueron objetivos de ofensivas con misiles y drones.
La escalada alcanzó su punto máximo cuando Estados Unidos se unió a la agresión, bombardeando tres importantes instalaciones nucleares iraníes, lo que provocó la respuesta de Teherán con ataques a la base militar estadounidense de Al Udeid en Catar.
Jameneí, a finales de octubre, desestimó las afirmaciones del mandatario estadounidense de que los bombardeos habían destruido la industria nuclear iraní, calificando tal idea como una mera ilusión.












