El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, a través de un comunicado oficial publicado por la Vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, denunció ante la comunidad internacional lo que ha calificado como una «peligrosa provocación militar» por parte del Gobierno de Trinidad y Tobago, coordinada y financiada por el Comando Sur de los Estados Unidos y su agencia de inteligencia, la CIA.
Según el comunicado, los ejercicios militares programados por Trinidad y Tobago entre el 26 y el 30 del mes en curso, constituyen una «acción hostil contra Venezuela y una grave amenaza a la paz del Caribe». La denuncia asegura que esta actividad no es un ejercicio defensivo, sino una operación colonial de agresión que busca convertir la región en un espacio para la violencia y el dominio imperial.
El gobierno venezolano informó que, basándose en información obtenida de un grupo mercenario capturado con vínculos directos con la CIA, se ha podido determinar que está en curso un plan para ejecutar un ataque de «falsa bandera». Este ataque podría ser perpetrado desde aguas limítrofes con Trinidad y Tobago, o desde el propio territorio trinitense, con el objetivo de generar un «enfrentamiento militar completo» contra Venezuela.
En el texto, se equipara esta operación con provocaciones históricas como la del Acorazado Maine (que precedió a la guerra entre EE.UU. y España en 1898) y el incidente del Golfo de Tonkin (que sirvió de pretexto para la escalada de la guerra de Vietnam en 1964), advirtiendo sobre las catastróficas consecuencias que tales acciones pueden tener para la paz regional.
El comunicado denuncia a la Primera Ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, de haber «renunciado a la soberanía» de su país para actuar como «colonia militar subordinada» a los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Se afirma que esta alianza convierte el territorio trinitense en un «portaaviones» para una guerra en el Caribe contra Venezuela, Colombia y toda Suramérica.
Venezuela considera que esta postura representa una traición a los lazos históricos de hermandad y a la política de cooperación energética y respeto mutuo que Caracas ha mantenido con la nación caribeña. Asimismo, se alega que el gobierno de Persad-Bissessar viola la Carta de las Naciones Unidas, la proclama de la CELAC que declara a América Latina y el Caribe como Zona de Paz, y los principios fundacionales del CARICOM.
Finalmente, el Gobierno venezolano rechazó categóricamente las amenazas y advirtió que no se dejará intimidar por «ejercicios militares ni gritos de guerra». El comunicado concluye con una firme declaración de defensa nacional: «La Fuerza Armada Nacional Bolivariana permanecerá alerta y movilizada en perfecta unión Popular-Militar-Policial ante esta gravísima provocación. Nuestra República, heredera de Bolívar y Chávez, defenderá siempre su soberanía, su integridad territorial y su derecho a vivir en paz».
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